En el Sur vi restos de
sangre negra traída de más al Sur


Con Sudán por más de un milenio se mantuvo una febril actividad en la importación de esclavos, y apenas se mide un siglo desde que el calamitoso tráfico concluyó; aún hoy, la negritud de los desdichados descendientes destaca sobre las paredes blancas de Kebili. El trasiego continuo de gentes levanta el polvo disperso en las calles a la altura del aire; escuché que el propósito de la dudosa fluidez consiste más en imponer al ambiente una rara facilidad al tránsito brusco de la piel prieta a las encaladas moradas bajas, que en aminorar la violencia del contraste. De la memoria en que se velan los baños calientes, el antojo de un demonio tomó prestada la sorpresa de una terma romana y la plantó en plena ciudad; aguardé unos minutos en la acera opuesta y gocé con los ojos de las salpicaduras del agua con que se alegran los muchachos y adultos. Geográficamente rodeados de un solar inhóspito ¿qué concepto tendrán los vecinos de su entorno?; en estos parajes, el talante de los dioses enoja con sus ásperas limitaciones, aunque también apuntala con ayudas; por fortuna, constantemente advertí en la criatura inteligente la elección de su propia posición dentro del espacio que le tocó en suerte. No lo callaré por más tiempo: al principio, y sólo al principio, intuí una débil esencia que por segundos adquiría la forma de una honda presencia casi tangible ya en los postres de mis cavilaciones: por frágil que sea un peldaño, siempre invita a la esperanza ¿quizá proporcione las energías y resuelva la nueva dificultad?, comporta la voluntad de no rendirse.
     ¡Chocante naturaleza!, ¿al intervenir en la fisiología no contribuyes con tu acento a un sutil engaño?, ¿y si lanzamos un vistazo a tu trascendental peso en la anatomía no logras confundirnos?, ¿cuántas vueltas y vueltas giró mi cabeza hasta reconocer tus peculiares maneras?; no obstante, en aras del buen gusto, prefiero referir el fruto del aprendizaje que contar los intrincados meandros de mis apreciaciones: al compás de las ocasiones comprobé que el medio, lejos de forjar, sucumbió al talento que aprovechó algunos de sus útiles atributos ¿La sensibilidad de los que habitan en la frontera del desierto no la encamina su cultura?, el sedimento de las acciones que condicionan a las futuras tarda demasiado en precipitar, y como además los protagonistas de los acontecimientos se influyen mutuamente, ¿a quién sino a la historia corresponde el complicado papel de seleccionar la complejidad que lleva el rubro del éxito?; innegablemente, imagino peliaguda la sabia aventura de penetrar en sus modos, a pesar de no suponerlos más distantes de lo que en verdad estimo: habilidades, normas, tendencias... en resumen, la educación que generación tras generación bebe en los pozos de ciencia de sus mayores.
     Apostaría lo que me resta en el mundo por poseer la ilusión de los niños que cavan y cavan; ¿su tesoro?, esculturas originales con apariencia de rosas. En sus primeros balbuceos de comerciantes, me mostraron con una mezcla de orgullo y seducción los rasgos caprichosos que adopta el mineral cubierto con el color del suelo -sepultura común de lo magnífico y del despojo. En esa edad fresca, yo mismo hurgué con idéntico afán en la Montaña de las Figuras; lindó su estampa con el mar próximo del pueblo en que nací, ¿cabría incluir la variedad de pretextos con los que escapé de la casa del verano?, a escondidas de mis padres, largué amarras de Clavellinas a Salinetas, disfruté de la temprana soledad prohibida, y con frecuencia regresé recompensado por el triunfo del hallazgo. Aquellas ingenuas proezas terminaron cuando mi infancia se agotó. Del brazo demoledor de lo que muchos llamaron progreso -una industria de abonos químicos, apagada anteayer- llegó la campanada final de la elevación mágica -recuerdo que su derribo coincidió con la época de mi mocedad. Pero.. ¿de qué hablo?, ¿de los capítulos iniciales que garabateé en mi novela familiar?, ¡caramba, hace bastante que ocurrieron y entonces no podía sospechar que pondría mis pies en Africa! No, no compré a despecho del favor de la insistencia ninguna flor de piedra, porque un año atrás atrajo mi atención tal extravagancia en el fondo de un bazar en Argel; ¡lástima de la ignorancia que padezco!, aborrecería remediar de una vez el desgraciado mal que aqueja a mi entendimiento, ¿y no equivocarme más?
     ¿Que qué significa para mí Douz?, ¿debo responder que un estrecho laberinto del tono con el que aquí se viste la nada?; probablemente malogré justo al entrar en la pubertad una parte substancial de la percepción que subyace en la razón última del Todo ¿Y el paraíso de ahí al lado?, ¿vale la pena olvidar el adiós del atardecer que filtra su lenta caída por detrás de los encumbrados penachos?, me entretuvieron las horas mientras imité con pasos quedos los andares despaciosos de cada cual, ¿no indiqué a mi compañero que los turbantes atraviesan con igual parsimonia las sombras tumbadas en la tierra y los jirones de un sol agachado en la senda de su sueño dorado?, ¡cómo admiro las túnicas tan impecables! Exclusivamente una ceguera del ánimo  calificaría de femenino el temperamento del lugar: no conviene avergonzar jamás la paz comparándola con una idea falsa de la virilidad -noté a los actores de la trama humana afables y fuertes. Nadie necesita sumergirse en la fantasía, flota en sus olas mansas a partir del instante en que cruzó el umbral vegetal. La diversidad de los claroscuros produce una especie de fatiga que deriva a prescindir del aspecto central del fenómeno: la luz. Recreé mis pupilas en las grandes hojas del palmeral mecidas por el suave viento; arriba, en las copas verdes que parecen arrullar el cielo azul divisé las tórtolas, y más cerca, espié a las ortegas en el impasible murmullo de los canales ¿quieres que lo declare a voz en cuello?, la curiosidad no empuja mi vocación; viajo y escribo mis impresiones con la intención de que los demás conozcan el proceso de mi búsqueda ¡ojalá sirva a un amigo o enemigo el trayecto que recorrí! ¡No mintamos más!, la meta carece de consideración, pura vanidad.