El Sur, sugerente y necesario



Echar mano del hombre y no considerar la gradación de valores marcada por la idiosincrasia de su origen, sino más bien con la mira orientada a contemplarlo únicamente como factor complementario al capital, extenúa cualquier esfuerzo a pesar de la buena intención que se adopte. Es obligado tenerlo en cuenta desde el punto de vista de su cultura -instrumento que mantiene la cohesión plena en los momentos de cambio, ¿acaso no los trae consigo la apuesta por el futuro? ¡Qué tremenda deshonestidad la de los truhanes oficiales que identifican, contra viento y marea, adelanto con imitación!, en el rótulo de la compañía que importa las posturas de los paraísos de la opulencia, se lee su nombre, "negocios de la ignorancia"; a la vez, los cretinos -listos de adentro- venden en sus tiendas esa porquería del tres al cuarto -de ordinario más cara, y por supuesto obsoleta hoy donde ayer llamó la atención- que trivializa lo propio con la muestra de lo extraño. Los romanos expiaron el alto precio de exportar su dinero en la compra de productos inútiles: constituyó la primera crisis que recoge la historia, allá por el siglo III d. de C. -¿nadie estudia?, ¡pues así padecen!, ¡aprendan del pasado, por favor! ¿Y cuando la debacle -hermanastra de la desgracia- planta sus raíces en los países descuidados con sus Haciendas?, me viene a la memoria el despilfarro en gastos suntuarios de la mayoría en los períodos de abundancia; trepa entonces el monstruo fatal del círculo vicioso: el subdesarrollo pare con dolor a su criatura enferma -no es distinta de la escasez de medios. Los límites presupuestarios impuestos a la investigación determinan la fuga de cerebros hacia las regiones en las que hallaron viabilidad a sus trabajos ¿no desprotege este proceder aún más las posibilidades de que la fortuna germine en los lugares en que nacieron? Debido a que los caudales emprenden la ruta del exilio al adivinar la mínima reforma, el curso del avance queda anclado al borde de la deficiencia de los recursos financieros, cerca del dique seco en el que se confiesa la falta de personal capacitado -huyeron despavoridos ¿Por qué razón sólo unos pocos locos captan las consecuencias? Me jode el eufemismo insultante que dice: "el Sur perdió el tren del progreso", ¿fastidia quizá reconocer que las dificultades estratégicas las dispusieron en el exterior?, los pagos de la Deuda y el crecimiento de la tasa de sus intereses hicieron imposible que la máquina apenas calentase motores, a duras penas partiera a su hora y no alcanzara el empuje adecuado.
     El temperamento colonial jamás propició en ninguna parte la colaboración ciudadana; a la Administración que reside en la metrópoli -normalmente lejos- le cae más cómodo contribuir a estructuras dictatoriales de voluntad civil o militar -su curioso
maridaje igualmente se experimentó-; las sociedades fuertemente jerarquizadas que visité en América Latina compuestas por el blanco -raro, por no hablar de ficticio ejemplar-; el mestizo -por argumentos diferentes, al profuso testigo del vigor del macho ibérico lo odiaron ambos extremos del color de la piel-; el indio -marginado y explotado a modo de herramienta ventajosa en los menesteres más enojosos-, sufrió el temor del criollo -su más que probable toma de conciencia lograría promover movimientos autonómicos que desestabilizasen la integridad de los naciones emancipadas de la Corona-; ¿y el negro?, desarraigado de sus credos, esclavizado y relativamente liberado en fechas recientes malgastó su vida en el peldaño innoble -allí, la escala de la dignidad extravía su estimado signo-, se casaron entre ellos y algunos compartieron la cama de las mujeres de la evolución humana en que irrumpimos -surgió el caboclo. En India, el invasor inglés, so pretexto de no perturbar las reglas milenarias, aprovechó la estratificación de las castas y obviamente pactó con los de rango más elevado: el coste ridículo del empleo y la sangría de sus materias primas. El desprecio por lo autóctono -escondido en los guetos- salvó -sin perseguirlo- la peculiaridad de un gigante dormido cuyo alborozo disfruté abiertamente en el exotismo de sus fiestas, bodas, ceremonias y hasta en lo inesperado que gocé metido en sus entierros ¡Dios mío, una evidencia magnífica!, imágenes imborrables para quienes habituamos, con análisis esmerado, los ojos a la sensibilidad -retoño anterior a la fase de la comprensión.
      ¿Qué intuye el pueblo llano si el puñado de ricos de siempre resulta el verdadero protagonista en las áreas económicas y políticas?; en el pulso de mis semejantes, noté el ritmo característico de la apatía; con un guiño, los olvidos que acuerda la clase acomodada complican a la fiscalidad cómplice alrededor de sus necesidades y también las maneras de los dirigentes -incluidas en sus decálogos-, reflejadas en sus ademanes de ordeno y mando, fomentan la resignación que erosiona los ánimos honrados. La corrupción se multiplica de arriba a abajo y a la velocidad del rayo en los rápidos del abuso ¡con qué ruido choca en las orillas de los sesos serenos!; frustra la responsabilidad individual frente al conjunto de la comunidad y resta, por tanto, confianza a los electores en sus gobiernos por el menoscabo de la legitimidad que los ampara. Las inversiones en armamento se dispararon a uno y otro bando de las guerras fratricidas, y a los cabecillas -apoyados por los bloques opuestos- pareció no afectarles demasiado que los ideales sobre los que giraban sus actos los observara el orbe educado minúsculos: el quid de las causas por el que los pobres diablos perecían en las trincheras se recostaba tranquilamente retirado de los peligros de las batallas -suculentos conflictos motivados por los grandes enjuagues extranjeros ¡Qué mayúsculo pecado el de aquellos que convierten sus patrias en escenario de trágica opereta!, la tierra acogía con el silencio de los vencidos a sus hijos muertos. A mi juicio, la luz a la salida del túnel la sitúo en un compromiso sincero de la intervención correctora del estado con el potencial privado, y la generalización de la participación de las gentes de toda condición en los asuntos públicos ¿No se llegaría por esta avenencia a conciliar el concepto de prosperidad con la realidad soñada?, la juventud de la época en la que se elija tal camino abandonará la mentalidad fundamentalista, porque prefiere que su destino se aproxime por la calle pacífica y del brazo de la esperanza. No cabe duda de que mientras el Sur no emerja del colosal marasmo en el que se ahoga, la paz y la seguridad del mundo se encuentran amenazadas.