En la antesala de Asia los turcos
señalan al Norte con el Negro
y llaman Mar Blanco a
nuestro Mediterráneo


En Estambul fui testigo de la música en la panza del laúd y de los rezos bajo las cúpulas
Del rojo al azul o de Justiniano a Ahmet
Viajé en el tiempo de ahora a las tierras del diluvio
Mientras admiré la vuelta del Tigris, colgué mi sombra en un bastión de Diyarbakir
Las aguas de Urfa
En el comienzo de una eternidad muerta de sed, Harrán
Los dioses de Nemrut, la locura de un rey
En la Capadocia, vi a los gigantes hijos de la erosión
De las entrañas de la Anatolia me traje la danza de los planetas
En Pamukale, detrás del castillo de cal gocé con las burbujas en las columnas de Hierapolis
De puerto a puerto, la sangre su hundió en la tierra y los sarcófagos quedaron sobre ella
Las barcas que bajan a la playa se abordan en Dalyan
En Pérgamo, si bajé de la Acrópolis fue por las Terapias
En Éfeso me lamenté de Eróstrato, comprendí a Heráclito y disculpé la debilidad de Alejandro
En las faldas del Mykale, Príamo me contagió su sueño
...Y Elsa cantó en Miletos
Me bañé como los turcos después de gozar del ocaso en los Dardanelos
Troya: para que los tumultos de ayer devengan en la paz de hoy, ¿se precisa un mundo en ruinas?
Dejé para el final del viaje el Mercado Egipcio de Estambul