Intervención de Francisco López Sacha
Presidente de la Asociación de Escritores de la Unión Nacional
de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC)


Gracias a la Fundación Nicolás Guillén tuve yo la oportunidad y la dicha de conocer a Octavio Santana y leer su segundo libro de prosa que, en cierto modo, equivale a un regalo que nos llega desde el otro lado del Atlántico, desde enfrente de las costas de África, donde las Islas Canarias son el pontón, fueron el pontón donde Cristóbal Colón recaló antes de llegar a ese misterioso lugar que denominó Las Indias. En "Sucedió al Suroeste de las Columnas de Hércules" no hay una misma dirección; precisamente desde el título nos impone un punto de vista, nos impone una confrontación cultural, la confrontación entre el mundo que los antiguos no pudieron atisbar, ni siquiera descubrir: el mundo que promete ser la Atlántida, el mundo perdido, el mundo soñado, el mundo imaginado por los griegos clásicos y por Séneca, el mundo que de algún modo puede ser un desprendimiento de Europa o un desprendimiento de África, pero que para Octavio Santana es sobre todo El Mundo. El intenta hacer en este libro lo que él mismo denomina en una de sus páginas "una épica geológica", "una epopeya tectónica";  la mirada de este autor no es la mirada del paisaje humano, sino del paisaje volcánico, del paisaje original, del diálogo infinito con el cual el hombre establece una relación con la Madre Natura, con las esquirlas, con los festones, con los escollos, con el magma, con las piedras originales; ese diálogo del hombre es al mismo tiempo un diálogo con la Creación. Muchos pasajes de este libro, dividido en algunos capítulos, pertenecen a un diálogo en segunda persona, con una voz ausente, con la voz de la Creación, la voz que él puede denominar "Dios", "Creador", "dioses", de acuerdo a la pertenencia mitológica del autor, pero que efectivamente está remontándonos a un paisaje original, a un paisaje virgen a un paisaje novedoso, a un paisaje que todavía no hemos logrado penetrar en toda su profundidad. Cuando yo leía este libro no podía menos que recordar el famoso capítulo del "Siglo de las Luces" de Alejo Carpentier, cuando Esteban deja suelto al caballo en el río y se va a contemplar Las Formas, y el propio narrador dice qué estará inscrito, definido, presente, que aún yo no pueda atisbar, que aún yo no pueda comprender; y en gran medida este libro es lo que está definido, inscrito, presente, y que sólo la mirada de un poeta puede ser capaz de penetrarlo, de descubrir en ese elemento telúrico suelto un Picasso, descubrir entre el traje de las mozas el alma de los pobladores, las piedras diseminadas como guijarros de una playa, el dibujo primitivo de un Picasso ya formado por la naturaleza, o el dibujo de una gruta monstruosa donde un Cíclope pudo habitar, o el dibujo de ciertas zonas geológicas inexploradas en las zonas que pertenecen al Teide o en las zonas que pertenecen a ciertos poblados muy característicos y muy primitivos en Canarias. Hay un momento en que el autor se empieza a preguntar por la relación que guarda con este Universo, y él dice, para citarlo textualmente, "Imagino que en el infalible momento de abandonar la vida regresaré al estado primordial en un lugar parecido; fue al entrar en la enorme matriz que engendró un volcán cuando presentí el retorno a los orígenes y pensé que la singular antesala en el pasaje a los infiernos prometía en secreto un futuro nacimiento, ¿no procederemos de un embrión que maduró en la oscuridad de un Universo onírico semejante a éste? En el ayer de un cuarto de siglo, admiré las extrañas formas que admitió el vientre de la monstruosa bóveda y acaricié con mis manos el capricho que esculpió en las paredes las rocas metidas de lleno en las faenas del fuego; en los latidos del recorrido por las intimidades del planeta, hace apenas unas horas que volví a experimentar la oportunidad de paladear los extravagantes pálpitos de una tierra atormentada que golpea con furia mis sienes." Efectivamente, aquí está, una parte de esa épica geológica, una parte que se emparenta también en el esfuerzo del autor por el alcance que nos dio el Dios, y por momentos hace pareados con Gracián, hace pareados con Góngora, con Quevedo, con las matrices del idioma clásico español, del idioma que en el siglo...