Intervención en el acto de presentación de
"Viajes hacia afuera y por adentro"
Madrid



El proceso que recoge este libro arranca en las premisas que figuran implícitas en el apartado de la bella criatura desnuda, pasa por una larga maceración que cuenta con especiosas matizaciones y refinamientos y acaba en un hito del ciclo temperamental cargado de confianza; con ochenta y nueve jornadas cruza el despeñadero que asciende desde la legitimación atrincherada en los principios a la justificación acampada en los postres. Comenzó por nacer del interior de un séptuple testimonio volcánico cercano al África atlántica; concibió su frase emblemática en torno a la vida y la muerte muy al Este, garabateada en el litoral malabar; más erguido anduvo del brazo de la civilización latina llevada al Oeste, se engrandeció en tierras cercadas por dos grandes océanos; regresó a la patria chica y sopesó su curriculum entero bajo una nueva luz,
junto al viejo compañero: un mar abierto, ¿dónde las fronteras? El autor se propone sacar al lector del escaparate de las imágenes y conducirlo al abismo en el que la descripción cumple con su cometido y empieza una honda reflexión ¿Su Norte?, mostrar a los demás las perspectivas inéditas que procura durante su búsqueda ¿Qué le obligó a abandonar su juvenil irresponsabilidad?, los oportunos repliegues del conocimiento aprehendido en pos de una intimidad en organización, ¿no llegó incluso a administrar su destino?, en la proporción en que el caminante encaja entendimientos, su conciencia acepta constituirse en referencia del cosmos que franquea, ordena su observación, afina su discriminación y en definitiva dispone mejor las coordenadas que le ayudan a diferenciar su yo del entorno y a participar de él; ¿qué querencia sostenida logra metamorfosear la nota insegura a medida euclidiana?, dar la vuelta a los misterios que encierra la compleja dinámica del hombre y tratar de hallar la manera en que aciertan con una explicación apenas responden a sus dudas.
     No cabe recelar del libro: el cómo son las cosas no provoca acceso irracional alguno que impida a una mente entrenada la pertinente especulación de cómo podrían ser, y si arremete contra lo que es lo hace por perseguir lo que pudiera ser, ¿voluntarismo?, ¡déjenle reparar el velamen que confiere volumen a una gana desganada!; ¡mal por el silencio cómplice en un cuerpo celeste desahuciado!, importa mucho repetir aquel mensaje de Walter Benjamin: "sólo por amor a los desesperados mantenemos la esperanza"; ¡ah del que únicamente alcanza a ver sombras de la realidad!, ¡ay de aquel a quien no le renta escuchar sino ecos de la verdad! Un auténtico huésped del cambio embriaga su lógica con lo permanente, en el acto infinito goza con el sentimiento de lo mutable; en las entrañas del caos advierte su simplicidad y en mitad de la unidad desenmascara lo diverso, ¿no sufre las singulares impresiones del mundo en los ojos, orejas, nariz, boca y piel?, va por allá de las apariencias en constante construirse y destruirse, avanza hasta los pensamientos y sus raíces más remotas; del estar allí trajo la queja de los sentidos cara a cara con la inteligencia "¿acaso no resulta poco menos que imposible al talento confinarlos en unos límpidos límites?, sea consciente del ámbito sujeto a toda clase de influencias momentáneas que condicionan, y con los datos que gratuitamente facilitamos no amase nuestro desprestigio".
     Del libro destaca un corazón sustantivo que bombea la vocación de su carácter tolerante, ¿mientras incide en el futuro arriesgándose a fundar refugios en los lugares todavía frescos, no corrige el pasado que le tocó habitar perdonando? Al andar por sus líneas, un avisado descubre en la densa textura del discurso una original entrega de la aventura personal que corre y corre tras el alma oculta, ¿a quien interprete la obra temprana aprisionada por inicio y término no le fallarían sus capacidades más elementales? ¿No fue Montaigne el primero en señalar fundamento del saber la puesta a punto de cada cual?, los precartesianos no admiten en su seno esa inexcusable atalaya, ¿y qué decir del vórtice que representó Francis Bacon al frente de tal planteamiento y ante las trincheras que ceden los siglos por herencia? Locke también insistió en los dominios del espacio privado como núcleo fiable de certeza; ¿en las islas humanas que reivindican tenazmente su señorío no situaron Hobbes y Bentham las piedras sillares del acontecer diario? La experiencia viajera que brota del plano de unas hojas blancas rebasa las particulares y temporales orillas geográficas para adentrar el ensayo literario en comarcas capilares, regionales, externas a lo cotidiano donde reescribir la ecuación "existencia igual a eterna transformación", ¿el protagonista no forja así la concepción estética más sugerente del individuo?, ¿qué artista trabaja los materiales de su propia factura?
     Por un instante ¿por qué no desoír la inalterable promesa que esgrime el progreso y centrar la atención en los cadáveres que siembra?, el libro pretende sonar la trompeta del ángel sobre las víctimas anónimas de la historia; ¿y es útil su proceder?; no, no conviene olvidarlo: lo indiscutible toma su peso del fin que contiene en sí mismo y no de ningún otro, aunque le preste culto; comulgo con Adorno en que por no servir la filosofía continúa aún sin caducar. Por reconocer la distancia entre hecho y valor interesé el espíritu en una prudente objetividad, ¿no escogí la esencial separación del observador que golpea de un lado la razón y del opuesto una pasión? Tienen delante de ustedes una dedicatoria que recapacita y un adiós que compromete, un prólogo que precisa y una emergente introducción inclinada hacia un epílogo maduro; el siguiente capítulo levanta su edificio gracias a la altura conseguida, ¿y los previos no engordan a expensas de las páginas que vienen?, ¿no asumen los próximos la prolongación del trecho de desconocimiento salvado? Por acceder los renglones a su monotonía geométrica deparan una comprensión que marcha a saltos; ¿qué más diría del ejemplar encuadernado?, una portada con un dibujo pendular y una contraportada aclaratoria defienden unos cuantos recuerdos de lujo que probaron su temple en reconsideraciones honestas.