Intervención en el acto de presentación de
"Viajes hacia afuera y por adentro"
Las Palmas de Gran Canaria



Es un libro con el Sur a cuestas. En las innumerables estaciones cuyos nombres no recuerdo, de pie en guaguas próximas a caducar por enésima vez, en las esperas interminables de aeropuertos inmisericordes que deben sus rótulos a la ceremonia de inauguración, asomado a las desleídas ventanas de trenes más viejos que el pan duro, agarrado a los encanallados intestinos de milagrosas avionetas a punto de caer, extraje el cuaderno y garabateé con rapidez lo que creí maduro por pensado y repensado. Probé mansiones distinguidas y lamentables chozas de indios, teatros de fama y el borde indefinido de cualquier carretera, las amables sombras y el áspero pleno sol, la enigmática espesura tropical y el violento corazón de los desiertos, la plata soberbia de una cubertería cara y el desagrado de comer con las manos, ¿que qué queda de semejantes ensayos?, una irrefrenable vocación de vivir.
     Es un libro de múltiples rellanos. En el largo camino -peregrino y sin fronteras- que recorrí tras la Criatura Desnuda, precisé de frecuentes paradas y postas -muchas más de las que el índice revela-; nunca juzgué que estos cortos interludios significaran otra cosa que una recuperación del resuello entre las verdades destiladas ayer y los errores con que me toparé mañana. Los capítulos germinaron al fuego lento de la experiencia que rezuma: primero la jornada del viaje y las notas al vuelo, detrás la secuencia y los folios ¿y los de fuga interior?, la introspección rigurosa y los apuntes forjaron el resultado. Imposible me fue hacerlo de un tirón, ¿por qué animar a nadie a que practique la carrera de páginas a través?, apelo a tu benevolencia y al sosiego que regala tu compañía amiga. Tenlo en espacios distantes del bullicio cotidiano, ¡ojalá te ayude a escuchar lo que yo atiné a oír!
     Es un libro de patio canario. El inconfesable parentesco que heredé con la clorofila, el extravagante vínculo que sostengo con la cal y el excéntrico afecto que aposté con la luz insinúan una magnífica propuesta creadora. Como del mundo sensible había aprehendido y ordenado sus elementos, ahora en mitad de la magia del claustro abierto a las habitaciones acabo de organizar todo aquello que procuré amarrar con el nudo de la mirada, y trato de desenmascarar los códigos de lo que aún falta por añadir. De niño, allí mismo atendí a las inocentes ilusiones de los juegos infinitos y más tarde descubrí el ambiente propicio a las ansias de hondura con lectura, ¡qué perímetro tan amplio!, ¡tan inmediato el tiempo ocurrido...!, ¡y tan tremendamente recurrente! Alameda privada de prisas y risas, rincón familiar de meditación y silencio -hacia afuera y por adentro.
     Es un libro trabajado en las madrugadas. Después de que cobro al sueño de por la noche el apreciado favor del descanso, logro desembarcar en la vieja mesa de estudio los útiles con que obro la obra palabra a palabra y la voluntad que disciplina un material ya bastante avanzado; en la órbita de la mente negocio con el torrente de nuevas ideas, llevo más adelante el análisis y con frecuencia doy buena cuenta de mis huesos en las agudas aristas de la síntesis -en alguna ocasión los artículos completos tomaron su sitio en el equipaje de vuelta. Del hábito común a "la gente de antes" y escaso en la de hoy, recogí el modo de encarar la llegada del alba metido de lleno en faena -ejercicio tradicional de agricultores que respiré de muy joven al lado de mis mayores. Mientras los míos duermen, siento que poseo para mí un inestimable trozo del día en los ilimitados paseos por el cosmos íntimo de la casa; gozo a solas y a mis anchas tempranas de una singular serenidad que jamás alcanzo en el resto de la jornada, y es que a esas horas oscuras siembro dudas y al poco cosecho lógica -labores que esclarecen el valor.
     Es un libro macerado en un periódico. Mantuve el contacto público a partir del momento en que comencé mi empresa con la prensa y obtuve con premura el disfrutar de la extraña sensación que únicamente confiere la imprenta; no cabe disimularlo: el saberse de quienquiera impone, y confieso que la realimentación que produce me obligó sobremanera. De siempre acostumbré la vista a lo cercano y aventuré los ojos a lo lejano; así fue que arreglé mis pasos de forma que cada uno compusiera una meta
-no me pude permitir el lujo de aguardar a la siega, ¿cómo adivinar si no fallarán los años o las ganas? El encuentro de ahora viene del brazo de la confianza en que el tomo sume más que la suma de sus partes y de la elegante contribución del nuevo formato, ¡alegra reparar en la etiqueta de lo que semana a semana vistió el traje de diario!
     Es un libro escrito a alma abierta. Pido encarecidamente que no consideren este volumen desde la compartimentación que el hombre impuso al territorio merced a fronteras artificiales, sino desde la unidad de una búsqueda según la conducta espontánea del autor. Gracias a un noble barro literario conseguí fijar inteligencias en letras; porque temo que por simpatía el fango -su primo hermano- frene el discurso, ajusté a las imágenes cansinas expresiones que prestaran el aliento de la aliteración y de tal experimento devino el efecto inesperado de un cierto ritmo, el ritmo de la existencia responsable. No, no teman el filo de sus líneas, de la densa masa de hojas asciende el inconfundible aroma de la retama recién cortada con el tajo de un quehacer honesto.