Sorprendí este diálogo
entre un novicio
y el gran maestro del viejo vicio



-     ¿Quién eres?
-     El líder que guía a la jauría.
-     ¿Cuál es tu función?
-     En cuanto avisto a alguien de juicio despejado y desprovisto del aprieto que provoca la fidelidad inconmovible, informo de que su conformidad no es firme ni inamovible, y, ante la contingencia de que se trasforme en dirigencia de una eventual resistencia, encamino contra él a los oportunistas circunstanciales -siempre andan a la caza de la más nimia emergencia.
-     ¿Por qué se prestan a tal ignominia?
-     El afán de fortuna atropella a la rectitud y el hambre de progreso social trastorna la enana cueva craneana. La virtud asesinada los lleva a cargar con lo que alcancen sus manos, y es que ansían escapar de los principios ahogados y de la gratitud asfixiada ¿No te percatas de que la ambición de los arribistas nace de un desatado orgullo herido?, sí, fíjate que se les nota un engreimiento ofendido por una categoría que no los admite ¡Chusma!
-     ¿Nunca tropezaste con uno que aguantase tus embates?
-     Los que persisten en pensar distinto son olvidados; ¡qué ambiente de bulto tan perjudicial les suscita el ruido infernal del tumulto de la masa obediente! La manada, al primer pretexto, cansada de esperar, se lanza a devorar; ¿no termina la endemoniada algarabía por demoler los nervios dañados?
-     ¿Qué pasó con los camaradas que compartieron sus mismos proyectos?
-     Los animé a la arrogancia, a la arbitrariedad; encumbré a los más codiciosos, incapaces e ignorantes y sobrevino el desorden y la corrupción. Declaré que la traición constituía la nueva ética -veneno volante que contagia el aire ¿Imaginas que después de lo que impuse perduren aún las adhesiones?
-     ¿Normalmente el jefe de la rebelión desaparece en la batalla?
-     No es frecuente. Con solemnidad, el mando luce su magnanimidad en la ayuda al derrotado. Le sitúa en los aledaños de sus intereses y de cerca le vigila la púa de su engaño. Para entonces, el restringido vigor del reacio quedó reducido al de un animal atado y acosado. Solitario, perdido y prisionero de sus miedos, moralmente claudica.
-     ¿Cómo consigues mantener bajo el volumen de tu trabajo?
-     ¿No es un defecto que la más vasta concepción germine en la pasión por el buen sentido de los grandes hombres? Monopolizo la inteligencia y así esterilizo su efecto. No caben conjeturas: la razón madura según mi punto de vista, y llego con mis antagonistas pronto a un acuerdo -a la conclusión que tengo prevista.
-     ¿Qué te sucede en los momentos en que reconoces los males actuales?, ¡no pocas veces te vi comprensivo!
-     Aparento que cedo terreno y únicamente gano tiempo ¿Te da acaso la impresión de que no adelanto?; ¡te lo aseguro!, no retrocedo jamás en mis posiciones, y no dudes de que es en los giros lentos de las negociaciones donde consolido las ventajas.
-     No oí con claridad el final de la argumentación.
-     Es que cuando se me ocurre pactar algo ciertamente trascendente, bajo la voz -instintivamente recurro a las formas del secreto.
-     ¿Qué tramas empleas?, observo que siguen tus gustos.
-     Desacredito cualquier otra vía alternativa, desprestigio al que la expone y afirmo públicamente que los resultados que se obtendrían los descubrirían a destiempo mucho peores.
-     ¿Por qué permites que un ceñido número de tus subordinados mejoren su realidad?
-     Exclusivamente con el propósito de retener el avance del resto que me asquea ¿No sabes todavía que se trata de la regla de oro en la perpetuación de nuestros privilegios?
-     ¿Con qué artimañas procuras que acepte el de abajo su estado intolerable?
-     Resolutivo, desafío abiertamente a la idea evolutiva y les cuento que es inevitable el orden obligado por la naturaleza imperturbable; ¿no brotó el invento cruento del submundo de los fatales sueños de los dioses?, ¿qué culpa me echan a mí de las clases?
-     Si como en limitadas ocasiones acaeció, logran desbordar tu control, dime, ¿qué practicas a partir de ese instante?
-     Aprovecho el menor descuido de mis rivales dominados por su obsesión despótica de destrucción. Concierto a las furias con el apoyo de una tropa carente de escrúpulos -siembran el desconcierto. Subvenciono la tiranía y dicto una formalidad que ampare a la reciente legalidad. Pacifico, someto y detengo la espiral diabólica de la revancha; recojo por demás la
prosperidad que no rompieron ¿No cumplo a la perfección con mi papel excepcional?
-     Pero... ¿las decisiones importantes no se rubrican en esferas más altas?
-     A los encargados de asumirlas les preocupa hablar con soltura de que gobiernan por derecho divino, aunque no salgan del lecho de sus amantes ¿Qué remedio hallo sino actuar?
-     ¿Y en caso de triunfar, ejerces de idéntico modo con el vencido la maniobra que antes me explicaste?
-     Si su fuerza precisa de mi poder y no puedo aniquilarla completamente, lo atraeré con promesas y obviamente le pagaré bien su tarea de colaborador apreciado. Lo consideraré mi adversario, sin embargo, ya no es necesario que lo nombre sospechoso, porque le convendrá evitar que surja la subversión en medio de sus disconformes.
-     ¿Hasta cuándo las acciones periódicas del movimiento pendular entre la violencia y la autoridad?
-     La historia es meridiana en eso. Todas las revoluciones ilusionadas recaudaron su impulso de la rebelión que produce la irritación y del temor que supone la represión de la jerarquía; ¿la marea de fracasos y podredumbres no reveló a las gentes de hoy que de aquellas agitaciones provienen estas procesiones desencantadas?
-     Tú, dueño de los rebaños, ¿de qué madera estás hecho?
-     ¡No te atrevas demasiado, hijo!, si mi manera de entender la vida y de proceder en consecuencia fuese tomada por un criatura sana, acabaría por envenenarle el mínimo goce de su existencia.