En el estrépito de Iguazú soñé
con la paz de las ciudades del sol


De Ciudad del Este -previamente al derrocamiento del dictador paraguayo archivó como topónimo el apellido del general, Stroessner- llegué a lomos del puente de la Amistad al Brasil -atrás y abajo quedó la vasta generosidad del Paraná. No detuve la carrera del taxi en Foz de Iguazú porque nunca me atrajo el mundillo del contrabando, y menos aún su hermano chico: el de tabaco y licores. Allí traficaron en la época de la colonia la interlope inglesa y sus sirvientes vitalicios: los portugueses; el naufragio del negocio leí que actualmente lo defienden a tiros los brasileños -constituyen noticia habitual en los periódicos de por allá. Aunque confieso que el principal móvil que me impulsó a pasar de largo fue el saber que Foz quiere decir "desembocadura", y yo ya había expuesto sobradamente claras a mi compañera mis ansias por descubrir desplomes y no desagües ¿No vengo acaso de la experiencia reciente de considerar las ruinas de un ideal abatido y despedazado por la mezquindad?, ¡estoy harto de la ruindad roedora dueña de un reino instituido de pozos negros! ¡Déjenme por favor apreciar aquella importante suma que sólo el decurso de los milenios altera en su ruta a la belleza!
     Es cierto que oí el sobrecogedor bramido ocasionado por las colosales caídas en los abismos abiertos, y no niego que cautivado seguí el incesante caudal despeñado hasta que en el hondo muerde con estrépito la rompiente basáltica ¡Dios mío, qué vehemencia de continuo alimentada! La efímera pequeñez de la figura humana, que distinguí perfilada en la gigantesca y perpetua pared líquida, revela en el mismo giro su tremenda grandeza y su pasmosa endeblez. Y es que el rugido de la bestia fluida de bocas semicirculares enumeradas por decenas consigue apagar mi voz, pero no extenúa la delicadeza de mi espíritu. La descarga monumental y el choque brutal originan una corriente ascendente de llovizna que a la luz toca equipar de color y conferirle la forma quieta del arco iris. En aquel ambiente de verde y vaho, advertí aquella tarde la extraña disposición geométrica del fenómeno atmosférico: su base no la divisé, como en otros lugares, en el horizonte, sino empotrada en la margen vertical de la garganta. Me complací en las hábiles maniobras de las bandadas de pájaros en las cercanías del lamento gritado en el vacío por las aguas derrotadas; a cada evolución, las aves dan la impresión de que van a ser arrastradas por las lenguas parabólicas del monstruo interminable que mana su propia savia.  En el corazón de un boscaje que agradecí virgen, observé despacioso las cataratas que derrumban su norma tormentosa desde niveles desiguales; algunas rasgan su hechura por la mitad en los salientes de la muralla ¡cómo resisten estas rocas su fractura!, y otras precipitan su altura encima de terceras ¿cuántos millones de años trabajó la naturaleza para labrar este prodigio que disfruto?, no lo sé con seguridad, aunque tampoco se me escapa el laboreo que he llevado a cabo a lo ancho de mi vida en el territorio de la sensibilidad para ser capaz de merodear por detrás de los fantásticos espectáculos, y acertar en cualquier etapa con algún pedazo de mi extravío. En los rincones donde la violencia hurtó descanso, anduve entre begonias, orquídeas -esos parásitos maravillosos- y alrededor de los helechos ¿Y las mariposas?, las conté sin cuento y de todos los tamaños; las tinturas de sus alas no las retienen los límites fijados por la ilusión, más bien pretendo que las decora el recóndito embrujo salvaje ¿no humedece quizá el hechizo la punta del pincel sujeto en la mano de los dioses? -por lo menos quinientas especies registraron en sus recuentos los biólogos. El estruendo magnífico lo sentí como siempre percibí los acordes graves requeridos por la magia; aquí arman el telón de fondo inexcusable para la melodía infinita de los millares de seres en su canto a la existencia.
     El panorama desde el Hotel Cataratas lo recuerdo espléndido, y su porte interior me hizo inolvidable la permanencia tranquila en aquel pasaje al ensueño. Después de cenar en el elegante comedor surtido de gente exquisita, patrimonio de hospedajes de lujo, y de camareros atentos al menor ademán, tomé el rumbo del dormitorio. Durante bastante rato ordené las emociones de hoy y mis pasiones de apenas ayer ¡Caramba!, no logro rescatar de la memoria con exactitud si fue despierto o metido de lleno en el sueño cuando compuse en mi mente los residuos indelebles de mis pensamientos en torno a la gesta jesuítica. Y es que esa avanzadilla de la Iglesia, en vez de coger prestadas de los filósofos sus abstracciones y de los utópicos sus extravagancias, recorrió el camino arduo que le tendió la realidad. La imagino flanqueada de una parte por el compromiso de la evangelización, y de la otra por la frontera de la razón del estado conquistador ¿Qué motivó entonces a Gotheim a ver en ello una tentativa de la Ciudad del Sol?, su fundamento y desarrollo consistió en un hábitat para hombres, construido por hombres en un paraje que asemeja un trozo de eternidad ¿Es concebible que nadie previniera al gobernador Bucarelli de que el iluminismo tiene prohibido irrumpir de pronto donde repicaron siglo y medio las campanas? ¡Qué manía la de repetir los modelos del exterior!, ¿resulta de veras tan difícil discurrir lo diferente? Sinceramente, este viaje lo vivo como una galopada contra el tiempo ocurrido y un éxtasis frente a lo que germinó de lo creado en su transcurso. Si el día anterior crucé, por una plataforma suspendida, la postrera interpretación del Tratado de Tordesillas, por otra salgo ahora hacia Argentina; de ese lado llaman al paso "Fraternidad" y de éste, "Tancredo Neves" ¿no es posible ni siquiera el acuerdo en eso, y han de denominarlo distinto? Comienzo en ese momento a abonar el encuentro con otra porción triunfada a la selva por los misioneros y guaraníes, San Ignacio Miní ¿Es viable a las criaturas acceder a la Omnisciencia que dirige los materiales y sus actividades como un instrumento enfocado a un objetivo superior?