En las hermosas ruinas de Trinidad,
admiré la obra de unos hombres ebrios de Dios


Con la fuerza peculiar de la evidencia, se revela que el hecho político de la conquista mantuvo casi de forma constante su compostura robustamente imbricada con la componente religiosa, y que con abundante frecuencia, se fusionó con esa postura de una manera indiscernible ¿no parece claro que esta conducta hunde sus raíces en el Medioevo y que también arranca del auxilio papal en el refrendo de los logros alcanzados por las Potencias del mar? De esta cooperación, devino el experimento colonizador más genialmente concebido y ocurrido en América; lo llevó a cabo la Compañía de Jesús, desde principios del XVII hasta su trágica concusión por mandato de Carlos III a mediados de 1767. Otros monarcas de España habían otorgado a los jesuitas el cuidado piadoso de los indios a lo largo de la línea fronteriza de su Imperio en el Nuevo Continente; los discípulos de Loyola persuadieron a sus conversos sin ataduras de la conveniencia por fijar su existencia al suelo -pacificación incruenta ¿No sucedió así, según previó la dirección civil, la germinación y con posterioridad la consolidación de aquellas fantásticas avanzadillas con las que se atajaron las apetencias contrarias? ¡Qué diferentes habrían sido los acontecimientos si no se hubiera detenido oportunamente a los ignacianos portugueses en sus progresos hacia el Oeste!, ¿y por ventura no se controló asimismo la embestida de los enemigos?, con Real cordura estratégica se accedió en 1638 a que los uniformados con ropas negras organizasen militarmente a sus favorecidos para la defensa de sus vidas, contra las que atentaron de continuo los bandeirantes -cazadores de esclavos, en su mayoría paulistas. Y es que estas gentes fueron declaradas simples, y por esa sinrazón precisadas de protección pero... ¿esta argucia jurídica no se manejó, años atrás, hacia adelante con el fin de justificar las encomiendas? ¡Pido a Dios que nadie, absolutamente nadie ose clasificarme jamás como un menor!, porque... ¿quién sabe qué cosas me obligarían entonces a practicar? -y es obvio que no me refiero a los misioneros. Percibo mareante el movimiento pendulante de la Corona a la búsqueda de los equilibrios incesantes entre la promoción de los sometidos y la concesión de privilegios a los inmigrados a costa de aquellos indefensos.
     Estos apareamientos del gobierno temporal con la autoridad espiritual son difíciles de sostener más allá de los grandes enunciados, y resulta peor que arduo por acá de las concreciones ¿y si no, por qué me veo a mí mismo en esta hora temprana de julio merodeando en la luz que revienta por todas partes a golpes del éxtasis que invocan estas maravillosas ruinas de Trinidad? Lo confieso a voz en cuello, al sur de Paraguay quedé impresionado por la magnífica plaza de la Reducción que admiré en las afueras de Encarnación. Despejan la inmensa magnitud horizontal del recinto los altos grupos de palmeras aquí y por ahí. Anduve por las galerías cubiertas, hoy abiertas al cielo. Y desde el atrio al altar, recorrí la joya arquitectónica de su iglesia de techumbres hurtadas, y permití que mi curiosidad serpenteara por las Casas de Indios sin resguardo de sol por la desgana de los siglos. Allí además se hallaron el colegio, el almacén, el arsenal, el hospital y la cárcel. En estas construcciones se iniciaron, ejercitaron y forjaron los vagabundos de la selva en un arte de temática occidental en el que se disfruta su reinterpretación. Montesquieu y Voltaire ¿cabe la sospecha beata sobre estos personajes?, hablan de Régimen Justo; Chateaubriand imaginó la realización de las teorías utópicas del mundo Clásico y Renacentista en una especie de Reino de Dios en la Tierra; ¿y Cunninghame?, ¿no se empeñó en que aquello era la propuesta original de comunismo creyente? El cristianismo feliz en el colectivismo: sólo durante dos días laboraban el campo que se les había asignado y el resto de la semana, excepto el domingo, lo dedicaban a Tupa-mbae -la propiedad de Dios ¿De recolectores seminómadas a agricultores?, ¿acaso no es un período demasiado escaso?, ¡pero si la humanidad recurrió al pesaje de los milenios para idéntico tránsito! Este vuelco a los cultivos y la carencia de las relaciones que dan el comercio y la industria ¿no tiene la apariencia de una vuelta a los modos de la fecha merovingia? La segregación de la costumbre monacal los ensogó al sacerdote y fomentó la exacerbación de los particularismos, lo que les aisló a la vez que impidió su asimilación ¿Es posible conseguir, por esta vía, algo distinto de adoctrinados apáticos?, ¿resistirían al primer choque?, ¿con la sola arma de la mezcla del rito evangélico y de la superstición de sus ancestros? ¿Alguna ordenación indígena?, ¡francamente complicado, después de que el Concilio de 1555 prohibiese efectuarla con aquellos aborígenes!, hay que aguardar a 1802 para asistir a una misa celebrada por Tubichapota. Los paraísos terrenales, querido amigo, terminan irremisiblemente por quebrar ¿es que pueden regirse repúblicas con rezos?, lastimosamente no. Sin lugar a dudas, del duro e inteligente trabajo de estos guerreros de Cristo triunfó la persistencia de los guaraníes como raza, y por supuesto que les ahorraron el disgusto del malvivir que soportaron las otras etnias en contacto con los blancos. Debió de ser tanto el dolor, que Las Casas, ya en su época, expresó sus recelos acerca del legítimo derecho a la irrupción hispana en una carta a Carlos V -y esto acaecía ultimándose 1535. Este Apóstol de los Indios, convencido de que la barbarie sobreviene en una fase, pero que ni mucho menos es una condición perenne, luchó denodadamente desde la paz por la redención ¿no fue por añadidura un precursor en los intentos de hacer fructificar comunidades de naturales administradas por sus iguales únicamente con la ayuda de profesos?, ¡cómo abreviaron su tentativa en Cumaná!, aquel tímido encuentro con esta historia en Venezuela no llegó a subsistir un decenio; ciertamente, más le duró lo de Tierra de Guerra en Guatemala. Observé en la mitad de la mañana una cola de niños que perdía su figura arreglada en el atropello por entrar en la ermita; dentro, unas catequistas repartían las enseñanzas del hombre de Nazaret, y pensé que aquel era, en verdad, el homenaje más certero a unos hombres que trascendieron de lo momentáneo e instalaron su obra en un ideal de gigantes.