Al Oeste del río Paraguay fui
al encuentro de los mennonitas


De las divergencias surgidas en torno al bautismo infantil, de la negativa a servir en los ejércitos y del dispar punto de vista en lo concerniente a cuáles deben ser y de qué forma han de sostenerse las relaciones de la Iglesia con el Poder, un grupo denominado bautista se distancia de la Reforma en 1525. Al igual que cualquier disidencia, ésta también sufre persecución; el proceso se reproduce hasta la saciedad en el plano histórico: acorralamiento, huida y, por consiguiente, dispersión ¿Quiénes fueron los hostigantes?, por partida doble: Protestantes y Católicos -uno más en la discordia ¡no, por favor! ¿No acaba constantemente la rebeldía por encontrar su conductor?, ¿tiene alguien a estas alturas la torpeza de dudar de que, como si se tratara de una ley, hayan de obtener su líder de sus enemigos empeñados en prohibirles el pan y la sal? Once años después un sacerdote conforme con Roma descolgó de su conciencia la obediencia papal y se unió al joven ideal; a los seguidores de Menno se les llamó desde entonces mennonitas. A pesar de no alcanzar resultados plausibles, el acoso a los acólitos se obstina y persiste ¡qué fatiga la de contemplar el correr de los siglos XVI y XVII tras los pródigos de Lutero a través de Prusia, Brandenburgo y Rusia! Del dominio de los zares, en 1874 un grupo de carácter más estricto no se avino a aceptar la labor sanitaria como paliativo a la entrada en vigor de la obligatoriedad de ser útil a la institución armada, y emigró a Canadá. Un posterior requisito del gobierno de ese estado que había consentido sus condiciones, impuso que en las escuelas no se enseñase otra lengua distinta de la inglesa; esta exigencia decidió a los más ortodoxos a buscar un nuevo asentamiento. En aquella oportunidad negociaron los privilegios que señalan su fe con las autoridades del Paraguay; y así, en 1922 erigieron la colonia pionera al oeste del río que divide en dos a la patria del arpa y le pusieron el nombre del rector de donde tomó su movimiento la intitulación.
     El Chaco crea la impresión de un pasaje a la antesala del infierno; su ropaje áspero lo distinguí en la vegetación retorcida. A esta región inhóspita que fue pago de cacería de los indios Julupi y Lenguas -transitaron de siempre por su pasto amargo- llegaron los descendientes de la escisión de Zürich. Y a este territorio impenetrable traje hoy mi intención de captar los modos y maneras que exhortan mis viajes. No conocía a nadie pero tampoco estaba dispuesto a regresar de balde; paré a un individuo que circulaba a lomos de su motocicleta por la polvorienta avenida principal de Filadelfia; hablé con él de la motivación que me impulsó a saber de su gente, convinimos en el precio de su dedicación y la hora de detrás del almuerzo para dar comienzo a la gira que pretendo tras sus identidades. Aprendí que configuran la única comunidad organizada en la mitad occidental de este país. Poseen sus propios bancos y colegios; establecen, instalan y mantienen sus hospitales. Y advertí que el producto agrícola lo gestionan por medio de un sistema de cooperativa. Por contra, Willy faena por libre con su maquinaria abriendo tajamares -hondonadas para apresar la lluvia. Visitamos a su suegro, Gerarde Hein es predicador, hijo de predicador y padre de predicador. Aquel cuidador de almas se refirió a los nativos de la época cuando trabaron vínculos de trabajo: comían de lo que fuera capaz de andar y volar, incluso serpientes venenosas, y su mejor bocado, decía, era el armadillo; ahora les pagan el triple que en la capital y reciben instrucción, pero en sus casas reconocí una solución de emergencia  -luego me enteré de la existencia de un sólo matrimonio mixto, irrelevante. Nuestro guía ocasional, al llevarnos a otra parte, manejó su mente con cautela en un discreto hincapié acerca del equilibrio que les preocupa: la población indígena es casi tan numerosa como la inmigrante. Asimismo recuerdo de aquella tarde a Adolfo Ekkert, un granjero que atiende a sus vacas y fabrica mantequilla. Sorbimos mate en el galpón -allí se ocupa de las materias de su carpintería- y charlamos de la epopeya de su clan y sobre nuestras perspectivas. Al atardecer nos trasladamos en su automóvil a donde
encaminó a pacer a su ganado: "vengan aquí" -voceó repetidamente, en alemán, a sus animales el tío de Willy ¿No vi anteriormente a los de las fundaciones orientales cargar con sus quesos en Asunción? La vuelta ocurrió a la trasera del día y subido a una colina me complací del ocaso por allá de un palo-borracho; este árbol autóctono goza de la figura de una pera y me contaron que adentro de su tronco guarda una apreciable cantidad de agua ¿a cuántas personas salvó el líquido esencial de una agonía de sed? Oí que el quebracho adeuda su importancia a constituir la fuente primordial del tanino, y en aquel quebranto espontáneo de cualquier ventaja se conservan aún en cifra estimable ¡Qué gracia me hizo el apelativo de para-todo aplicado a una planta porque su corteza contiene un remedio para todo!
     El paisaje en la margen de la corriente del Paraguay lo retengo uniforme y herboso; aquí, en la extensión recóndita, noto que mi garganta se duele de la sequedad del páramo. En este lugar olvidado del mundo, los zoólogos admitieron en 1975 al pécari -cerdo del Pleistoceno. Y como si la naturaleza no gravara ya bastante para agriar la vida levantando la más fantástica barricada de púas, los hombres hicieron pasar por aquel sitio a más de cien mil soldados -fastidioso asunto de la Guerra del Chaco. El primer acto de la crisis se originó al disminuir las exportaciones de ambas naciones -intervenidas por las compañías multinacionales-; en la segunda fase del drama, Bolivia reclama para sí un área que en la práctica se aproxima a Asunción; el dolor de las trincheras es el fondo en el que se teje la trama de las acciones bélicas; la última conmoción trae de la mano la derrota del pueblo andino y sus revueltas interiores ¿La razón de la batalla?, el petróleo. El epílogo: en la zona limítrofe paraguaya continúan las restricciones para la compra de tierras, las prospecciones de recursos no logran apoyo gubernamental y el control lo dirigen los militares; más pobreza y desesperanza del otro lado.