Bombay es una ciudad para el reencuentro


De nuevo Bombay y la magia de volver, es casi nuestra casa ¡y tan lejos! Antes de abandonar la ciudad, deambulamos por su calle de prostitución inmergidos en su masa peculiar de oferentes y demandantes. Me fascinan esas mujeres en las que los colores renunciaron a su armonía -estrépito roto sobre cuerpos decrépitos. Aguardan su elección en aceras y portezuelas por hombres carentes de nombres. Recupero del olvido rojos intensos y un azul construido en carpinterías y paredes, los barrotes de las cancelas -sus jaulas- también de azul: tonalidades indias. Rememoro ahora los momentos maravillosos que asoleamos en los paseos por sus bazares -de compras sin comprar-, en los que satisfacemos las apetencias de ojear y discutir, oír y regatear, maldecir y escupir al modo de los mercaderes. Reincidentes, recorremos las callejuelas rodeados de la muchedumbre siempre permanente y perseguimos sus perfumes. La existencia aparece a la manera de un juego continuo, y es que el jugar es innato a nuestro temperamento, aunque la decisión que impulsa a este o a aquel entretenimiento la orienta el refinamiento. El comercio es de las más viejas apuestas, los que expenden manejan hábilmente los titubeos de los que buscan qué adquirir, hablan incansablemente de las excelencias de sus productos y colocan las mercancías, envueltas de engaño, en las manos de los individuos que las acarician. Prácticos, una sonrisa pícara contenta al cliente de la ganga conquistada -es consuelo de aprendiz. Esta gente exenta de premuras constituye una raza que de la nada vende milenios.
     La jerarquía de dominio y obediencia que sufren ¿no es quizá una herida secreta que controla -a la profundidad debida- su ira endógena?, ¿y si se desata la furia de los centenios?, ¿no peligrará su supervivencia como grupo?, lo cierto es que si no se comparten con inteligencia las responsabilidades y la abundancia, se tornarán todavía más insalvables las diferencias. La cúspide de la estructura se aparta más y más de los resultados de su maquinación, y esa distancia aumenta con el grado de afectación alcanzado. La forma de crueldad más glacial que juzgo es la del dinero ¿no propicia el telón que echan las monedas la desigualdad catastrófica del potencial a la ejecución?, crea además un abismo enorme y cobarde: de una orilla, la acción, y del lado opuesto, sus efectos. Los desprovistos de ese recurso ven agonizar sus ganas de obrar dignamente y en libertad -son sus más recónditas significaciones del ser-, se les tuerce difícilmente la misma represalia. Los parias, condenados al descalabro, sobreviven reuniendo las pagas irrisorias de sus familias al completo, provenientes de faenas ocasionales y cobradas alguna vez a cualquier precio -fracasan incluso más. El ocio, en cambio, se desarrolla con la riqueza y después de la lección, brota con la tranquilidad de la sobremesa -con el estómago insatisfecho se atragantan hasta los discernimientos más elementales. Ignominioso y terrible divorcio del excremento ¿indispensable?, de la organización colectiva que rinde sólo la fuerza de su trabajo o su facultad mendicante -¿cómo sacudir de sus cabezas la pesada tara de las tinieblas?- de la de aquellos otros que no han de malgastar sus oportunidades en ganar el pan y se dedican a su instrucción -fuente fecunda, lo dijo Voltaire, del orden, del descanso y de la felicidad ¿Resuena con bastante rotundidad el ruido del mucho vómito violento? Me contaron historias de los desgraciados que entregan sus pobrezas al Rajá y de la mirada displicente de éste; el opresor responde, ignorándolo, conforme al precepto biológico de su agresividad -¿creerá que el sojuzgado está de acuerdo con los argumentos que lo mantienen obligado?, la bramadera es la razón fundamental de la condición del forzado. Más escasos acontecieron los relatos de aquellos dignatarios que cedieron una porción de sus pertenencias al insignificante ¿comprenderán que lograron la transferencia del mandato de los genes a la herencia social? Estos actos motivan entusiasmo por la información que conllevan el reparto de bienes materiales y la enseñanza de reglas ¿o fueron un simple ardid para enmascarar la coalición del interés con el idealismo?; es suficientemente sabido que la dejación de aquello a lo que se tiene derecho pospone la gratificación del consumo inmediato, con la esperanza de recibirlo con posterioridad ¡Entiéndase con el estilo que se considere!, pero es incuestionable que necesitamos de la educación -insiste en la maduración emocional- y es que con seguridad origina innovaciones de conducta adaptativa que vencen a su programación genética. Parece que no cabe la conjetura de que se triunfó en la batalla de la selección natural por la capacidad de proceder con carácter de animal cultural: el conocimiento sugiere más conocimiento y por ende una invencible ansia de conseguirlo -la dependencia crece ininterrumpidamente. ¡Qué inacabable es la suma de esta melodía infinita wagneriana! Siento el propio flujo de la realidad y presiento que el descuartizamiento quirúrgico del análisis deforma no únicamente su curso, sino el caudal que lleva; por contra, su corriente soporta mejor la auscultación porque lo que aspiro a descubrir, al término de un precavido y recogido silencio, son las más íntimas resonancias que se suceden en el hondo vacío extendido del querer al poder de mi conciencia -apenas se distinguen ¡Qué seductora es la embajada de un Chopin en sus Nocturnos!
     El elegante camarero dispone el té. Sentados, corremos tras nuestros adentros en una capitulación veloz por las impresiones que estrujaron constantemente la memoria a empellones de imágenes y de olores. Lo esencial ocurrió en una fuga introspectiva por los alrededores de las grandes incógnitas del destino humano, con un sentido de transcendencia en el que tomó aspecto un concepto más de unidad absoluta que de totalidad de partes. La lluvia chorrea por los ventanales en lágrimas de días, carga con gris la tarde monzónica de mediados de agosto y en el aire interior, el inexcusable piano cuelga una música remota -occidental. Entre los dedos de la duda articulo en la horma del recuerdo sumario una fórmula, un deseo, una frase: "toda una experiencia agria y dulce del devenir por el estrecho sendero que separa aquí la vida y la muerte." Algo de té, frío de demora, ahuyenta el tiempo mientras se reconoce aún en la primera negrura de la noche el perfil obvio de la Puerta de la India rajado por un borroso llanto de días, de años, de siglos gritando el viento por su arco, cara al mar, hacia afuera, un canto. Un canto de amor y de dolor es nuestro recuerdo imborrable; es una mezcla de dolor amoroso y amor dolorido -angustia de amantes en el adiós, ya sin espera. Escribo al final de la oración, en la primera página de la guía "año 1987, hotel Taj Mahal, Bombay."