Fui a Chichicastenango cargado de esperanzas
y regresé aliviado por sus emociones


¿No juzgué demasiado intenso y variado el colorido de sus telas como para suponer que tal carácter carece de trascendencia?; ciertamente, un vasto lenguaje tendió sobre la trama sus alas de misterio y ocultó el sentido más profundo a la comprensión de los foráneos. A pesar del secreto, supe que los primorosos bordados cifran la edad y el estado civil de su dueño; por una ruta equivalente del entendimiento, concebí que aquellos artísticos emblemas simbolizan asimismo el origen, la condición social y la autoridad conseguida. Averigüé además que en el blanco aceptan el norte y denotan al sur con el amarillo, y también me enteré de que sus ancestros mayas designaron al este y al oeste con el rojo y el negro. Aunque reconozco que ignoro una parte importante de la elocuencia de sus hermosos tintes, dibujos y adornos, aseguro que la magnitud de aquel torbellino de luz pactado en la superficie de sus tejidos parece participar de la íntima raíz del privilegio de la vida ¡Qué exaltación sentí por la fascinación de los refinados realces de pájaros que lucen las hembras en sus graciosos güipiles! Echan a la claridad del mediodía los manifiestos tonos pillados en las borlas de sus chales ¿Qué ser anómalo olvidaría el donaire de ese ademán?
     En los peldaños de la escalera semicircular que salva el acusado desnivel abierto  -del mercado al portalón de la iglesia de Santo Tomás-, las mujeres arrodillan sus rogativas e impregnan el viento de un persistente olor sugerente -es que aturden el aire con el arcano calor impaciente de las fumarolas. Desde el atrio al altar y a ras del suelo, cientos de llamas brillantes prendidas en la cera hinchan el volumen del recinto con una densa humareda traspasada por goteras de sol. Me dio la impresión de que penetré por descuido de alguien en el santuario donde la religión no discute con la magia su posición desmesurada; no en vano advertí la forma en que el ambiente de fuego y emanación contribuye con su gran significación esotérica en el lugar del rezo. ¿De qué modo puedo dar la vuelta por detrás de los enigmas que el misticismo de esta concurrencia resguarda de los extranjeros? Los maxeños en el interior del templo contienen su unción próxima a la sumisión, ¡cómo entretienen sus súplicas junto a los cirios cuando salpican, a la manera del hisopo, la esperma derretida con el trago del ron! De entre el vapor y aquel conglomerado extraordinario, una mestiza acercó hasta nosotros el resto aún distinguible de su belleza derribada a medias por los años -contados no son muchos, pero observo que en ella pesan con mayor carga su medida. En un blando regateo con Dominga Morales se convino el precio y ella se avino entonces a prestar su compañía al descubrimiento del increíble cosmos encantado; en paradas ceremoniosas detuvo el paso al compás estático de las imágenes, alzó su brazo recto y señaló con el índice a lo alto; recogí la cadencia en que repitió y repitió monótonamente la idéntica letanía: "dos mil años ya no habla más; para todos los niños y las niñas, todas las personas, todos los países; sana, cura... bonito; dos mil años ya no habla más". Durante el recorrido un tipo tocó mi hombro, reparé en el gesto rudo y el decir reservado con que argumentó su profesión de guía garabateado en un papel sobado; sin embargo, ¿no fue bien explícito el despectivo "loca" con que se refirió a Dominga? Tuve ganas de gritarle y mi silencio repercutió en su cara; la expresión que sostuve en el rostro no mostró el mohín del desprecio ni la monería particular de la burla, la compuse con la firme convicción de que aquel desquiciamiento lo prefiero destacado por la demente genial. El afán que persigo al recrear esta experiencia lo pruebo desligado de la intención encaminada a reinventar el personaje delicado y de esplendor gastado, más que nada trato de reconsiderar su perfil verosímil en la perspectiva que alumbra el pasado alejado en la distancia y apenas en el tiempo.
     No es extraño encontrar a los fieles en la montaña -allí solicitan el beneficio de Pascual Abaj-, traen las mismas necesidades que expusieron en la casa de Dios; el brujo delante del quemadero inflama la hoguera y toma a su incumbencia pedir el encargo encomendado en voz sonora -así los demás lo escuchan. Fijé la atención en la roca ennegrecida y quedé absorto en las espirales del incienso y del pom; juro que complací mi ánimo en el pabilo en las velas ardiendo. Al lado del ídolo de piedra que condesciende ausente con un cigarrillo apagado en sus labios, noté una pequeña cruz inclinada -son figuras extremas que el ferviente sincretismo, no orienta en discrepancia sino en concierto. A los profanos nos resulta infranqueable el alcance del ruego que hacen los propios frente al ara cristiana o subidos encima de la cima, ¿acaso la confianza absoluta no dispone a esta gente en la garantía de que sus plegarias serán atendidas? La divinidad es la que realiza el trabajo del consuelo; contra su dificultad intrínseca sorprendí esta acción caritativa a través de las infinitas hendiduras furtivas que conducen a las entrañas del alma humana.
     Me urge afirmarlo: nunca adiviné en el semblante de los de aquí, la mueca del coraje; en cambio, atestiguo que en sus facciones la mansedumbre asumió el relevo de la esperanza violada; los pies descalzos del indio huraño, incomprendido y explotado, dejaron la huella en las cumbres y bajíos ¿Se han explorado exhaustivamente los caminos al objeto de incorporarlos a las circunstancias surgidas con la llegada del hombre de piel pálida?, ¿cuántos de esos rumbos fueron equivocados? De la época anterior al colonizaje, cada vez que la noche cubre el espacio alrededor de estos parajes, la leyenda ambula en los cuentos de la boca del viejo al oído joven -son los pálpitos de la tradición ¿De qué sirve preguntarles si siempre la respuesta es el mutismo y una mirada indescifrable? Lo escribo únicamente porque no quiero postergarlo en la memoria: el nombre de Chichicastenango capturó lo peculiar del sitio, porque así abarca su definición sintética: el chichicaste es la Urtica baccífera y tenango se traduce por "lugar de".