Tristes tiempos de Sur


Como es rectamente sabido, el poder adquisitivo es una llave que abre mercados y por eso aquellos que desearon su ruina manejaron contra América Latina el arma más eficaz: el endeudamiento. Con La Deuda se agravan los conflictos económicos, desaparece la ilusión del ahorro, no madura la investigación, y, por supuesto, tampoco se expande la manufactura; los países que la padecen advierten su creciente debilidad para concurrir a los intercambios internacionales con productos por entero acabados. De esta suerte, no pueden ser otras más que las regiones desarrolladas las que obtengan la materia prima de sus clientes inmergidos en el subdesarrollo -generalmente, también la extraen consumiendo los brazos, sólo los brazos, de los naturales- para posteriormente revenderles los objetos procesados -su atraso les vuelve ineptos en la fábrica. En aras del libre mercantilismo, que casi nadie concibe en sus sanos cabales, equipan y suministran además todo lo demás ¿no está dispuesto el alegato de algún cómplice de dentro para asegurar la oportuna incapacidad de elaborar en forma competitiva?; la terrible relación de los precios de los elementos rústicos a aquellos correctamente terminados empobrece al Tercer Mundo -en cada presente con mayor velocidad ¿En qué aplicarán desde el momento hondo a sus operarios?, singularmente en ocupaciones de reparación y mantenimiento ¡Excusen por favor los imbéciles!, cierto que el maquinismo ha provocado un pronunciado divorcio entre ejecutantes y ordenantes y que ha transferido la diversión creadora del artesano al metodismo del constructor del ingenio; pero los avances tecnológicos necesariamente no tienen porqué romper el gusto por una armonía entre los seres y sus haceres, ni la máquina es la culpable del paso de la esclavitud física a la esclavitud trepidante, pauperizante y embrutecedora, sino el empleo que hacen de ella los aprovechados con apariencia inocua. Indudablemente, son las innovaciones que evolucionaron de un empirismo inicial hasta una posición docta las protagonistas aptas para alterar la antigua gradación de los ingredientes en bruto y los propósitos concluidos. El objetivo será actuar con imaginación para modificar la distribución mundial de los centros de transformación.
     En unas naciones se dio la paradoja de que al descubrir los expertos -de ordinario foráneos- los inmensos tesoros que se escondían desde los orígenes bajo el predio, sus gobernantes, en un santiamén, arruinaron a la misma riqueza; se procuraron por detrás de las fronteras la ciencia práctica que luego no pudo costearse. Las expectativas del subsuelo no bastaron para satisfacer las alegrías del derroche de los jerarcas, ni fueron suficientes para colmar además en cantidad y en calado los desproporcionados beneficios sociales que se pretendieron abordar. Del alborozo y de la mirada risueña al porvenir surgieron las compras de lo superfluo afuera, el lujo sin sentido importado y el dólar subvencionado como un gesto incontrolado; luego se impuso la razón de la realidad desde los nódulos más cercanos a la cúspide de la autoridad, la cadena de mando sufrió los efectos del anquilosamiento y trató absolutamente de frenar cualquier idea moderna que proporcionase movilidad a la alineación ¿no defienden de esta guisa los señores, prelados y letrados sus prerrogativas? ¿Qué solución factible debe suceder para que este marasmo financiero no ahogue aún más a sus víctimas?, parece claro que cualquier administración que esté sometida a la demanda occidental será siempre fuertemente especulativa y enormemente precaria. En otros pueblos, se propiciaron las crisis del poder que justificaron los golpes de mano y la institucionalización castrense del estado; asimismo se animó a la cúpula a pertrecharse con armamento sofisticado y por añadidura caro; la inteligencia fue declarada enemiga de la patria y por su delito de pensar se la persiguió y diezmó; la prensa sufrió la pestilencia del fondo de reptiles, con la literatura y las licencias plásticas se esmeró una censura feroz, al quehacer del cine y a las obras de teatro no proclives a las directrices del régimen, se les regatearon además con descaro las ayudas de dinero, las universidades quedaron desiertas de sus excelentes profesores o bien por la vía expedita de que se les negara la venia docendi o desalentados por lo exiguo del volumen cada vez menor de sus salarios ¿de qué manera se resurgirá de este descalabro del discernimiento yacente y de unos dirigentes con cabeza alquilada? ¿Para qué engañarse más?, cuando el sistema pierde el pulso de la historia se rehabilitan los disidentes, pero para entonces su época ha sido ampliamente superada y no resulta fácil descifrar el pecado de los verdugos porque a pesar de la responsabilidad de los cargos, éstos aducen que no ejercieron determinación alguna y que nunca fueron más allá de ser instrumentos "del que decreta" -meros cumplidores de la voluntad del patrón.
     La resistencia al neocolonialismo pasa obligatoriamente por una acción decidida en pro de la industrialización y la reforma agraria. Si se ponen trabas a los adelantos de la técnica con el pretexto de no restar puestos de trabajo, únicamente se retrasará el problema; en cambio, el objetivo creo que ha de pactarse para que los lesionados por la redistribución ineludible sean exclusivamente provisionales. No es lícito mentir más: el fracaso no hay que situarlo en el progreso, es el actual sistema de racionamiento el error que impide el disfrute de la prosperidad por las gentes -el desastre que se señala aquí y allá no es coyuntural sino estructural. Y si se coloca el obstáculo junto al reparto inadecuado de la propiedad de la tierra, al tiempo que se entorpece la sustitución del denuedo muscular por la mecanización en las faenas del campo, la dependencia exterior no se mitiga y desde luego la transacción interior no se fomenta. Desafortunadamente y sin remedio, la tensión del hambre se instala con superior ahínco en los vientres de la multitud -sus lágrimas no lograrán lavar la descomunal mancha del color de la estupidez de los innumerables traidores que vistieron a tantos con la desgracia. Conocer lo más completamente posible este subcontinente fue tarea del rigor de mi disciplina adoctrinada en la búsqueda, pero llevarlo a cabo como lo he hecho, sintiendo profundamente y expresándolo de este modo, es una garantía de la admiración que experimento por su verdad difícil.