El ansia de ser origina el camino y
la dureza vivida afirma la andadura


Alrededor de los juramentos de adhesión se ha pretendido ver una atmósfera de lealtad; sin embargo, el aire se torna irrespirable cuando osan probar, únicamente desde esa fidelidad, la mayor o menor cercanía entre la explicación que propinan y la experiencia gozada o sufrida. Tendrían que pasar por alto muchas diferencias y equivalencias significativas para resaltar determinadas disparidades y afinidades triviales -¡cómo se ha puesto a prueba en estas ocasiones la paciencia de las inteligencias rectas! La inclinación del estudioso no alcanza a la aberración de las versiones dogmáticas; por apartado que sea el rincón del espíritu en que broten, jamás les ha prestado una seria atención ¿A qué idiota se le va a ocurrir renegar de la realidad que reta en repetidos sobresaltos a la respuesta prometida? El grado de los prejuicios y las costumbres doctrinarias delatan la tremenda falta de sinceridad de los traficantes de la verdad restringida -la amplitud que equilibra mengua en la proximidad de los escasos aspectos en que germina el provecho tuerto. Los estilos sectarios anuncian una mezquindad que cede sitio a la oportunidad de descubrir los más formidables enigmas de la naturaleza humana, y esconden los rasgos que sólo convienen abiertos a la intención lúcida en su búsqueda obstinada del conocimiento para su engrandecimiento. Lo que en su raíz fue virtud aparente ha destapado su podredumbre: la docilidad; todo lo más a que habrá de aspirar es a una insinuación que arrastra al enclenque de la mano del chaquetero ante las pasiones perfumadas con el olor de buhardillas, ¿el parásito que sigue al jefe no recibe por fortuna pingües beneficios?, ¿no hay algo de hiena en su carácter cuando rinde el culto pertinente? Se advierten individuos que soportan el peso del desdén en el que otros -los que mandan- se pasean, y sin que aquellos lo pidieran, éstos les apañan alfombras para ablandar sus pasos; la motivación de tales complacencias no reside en la comodidad de los atendidos, sino más bien lo que procura es constreñir sus mundos para evitar la aparición de más exigencias y dar rienda suelta a la satisfacción de sus tentaciones inferiores. Si esta relación se tensa, el vasallo peligra y la vinculación es rota, el que ha de obedecer será reemplazado y olvidado. He de reconocer, a disgusto, estar en deuda con tanta estupidez, porque a pesar de que el denigrante espectáculo desahucia el buen ánimo, conserva en su bajo fondo una débil esperanza, de forma parecida a como en el hedor del estiércol se agita la vida. Ciertamente, no es más difícil extraer aceite de una piedra que adivinar en las facciones de los cretinos -personas que enmarañan sus miradas con la culpa y la premura del perdón- la emoción por la obra de otros ¡Qué poco abultan sustantivamente en el inicio las divergencias importantes!, ¿no se recuerda ya que, de la masa de las similitudes más generalizadas, mis semejantes birlaron el núcleo de sus peculiaridades?, la necesidad de no sucumbir, unos antes de su tiempo y otros al término de su época, los volvió contrarios.
     Cavilo a menudo sobre el hombre cuerdo, perseguido por su atrevimiento solitario que insiste en discurrir exento de las cadenas de sus circunstancias ¿No es de sobra familiar acaso que los grupos definen sus fronteras por medio del lenguaje utilizado y la postura observada? ¿La propia historia no ha dejado de asegurar una y otra vez que la cohesión proviene del trabajo unido en la ayuda mutua para la defensa y que es ese compromiso recíproco el que aguanta integrado al conjunto? ¿Cabe, por tanto, algún reparo en que la paz entre los estratos queda garantizada por los discrepantes principios éticos aceptados según los intereses y obligaciones de los afectados? Pero el ser que se alimenta de la creación constante, que habla de modo distinto y cuyo comportamiento es impredecible, ¿sobre qué moral contribuirá al apaciguamiento entre las criaturas si su aliento flota por encima del sistema basado en el sedimento de los detritos de las bestias? Por su afán de no sobrevivir como vestigio, rastrea su desarrollo a la par que huye espantado de la descomposición con que lo amenazan. Lo he contemplado dotado de una fuerte personalidad, grande, dedicado enteramente a un quehacer tenaz con la potencia de un gigante. Sin titubeos denuncia certeramente la inanidad, franquea los límites de la tradición para alumbrar nuevas concepciones y acaba decididamente por afirmar la libertad de su microcosmos con el empuje de una ilusión regeneradora. Como la sombra que precede al cuerpo, el cerebro despejado se adelanta a los aperos de labor del racionalismo y se acerca sin ambages al movimiento de la intuición impelido por una incitación fundamental; teórico y apasionado, confiere a sus discursos, repletos de incantación, un sentido de las cosas y de la existencia del que sus vecinos se desentienden. Lo sé completo porque no ha abominado de su genio ni ha renunciado al deleite. Se siente, no obstante, ahogado en la confusión por la desesperante variedad de desengaños empastados de impotencias que malogran el esfuerzo de sus acciones cargadas de pensamiento. Delante de los locos, de los imbéciles y de las propensiones sórdidas -dueños de las tempestades que cimbrean su conciencia- esta mente destacada ha de violentar las vivencias y vestir sin remedio el rostro con una máscara para ocultar sus sentimientos de agrado y desagrado, porque sin duda cuando danza al son de la música que tocan los limitados disimula su trajinar opuesto y mixtifica su desprecio por la servidumbre a la uniformidad. Desde los orígenes de la primera agresión, la estulticia se refugió en los lugares más inexpugnables del alma de vuelo corto, ¿no se nota en esto palmariamente la inadmisible consideración que conllevan las justificaciones ofrecidas en razón de la coartada? ¡Colosal demencia es la de prescindir y aún más la de repudiar a quien se aplica a meditar!, ¿de dónde emana el prestigio del oscurantismo?, pero si lo más que consigue es obstaculizar la comprensión que madura. Se resiente de tolerar sobre sus hombros tanta voluntad reducida; efectivamente, no distingue el placer de mantener tal insignificancia al lado de sus pies. Vislumbra con aflicción la inmediatez de su final cuando perjudicado lo colocan del revés junto a los que trotan cabeza abajo. Quiere, aunque así sean, informarles de que la influencia que temen y la independencia que ambicionan no son extremos contradictorios salvo en los instantes del arrimo reciente, cuando la asimilación interpretativa no ha producido, a causa de su juventud, las transformaciones profundas que configuran lo extraño como parte de su proceder ¿Cómo patentizar que lo que cuenta es la sabiduría transmitida y digerida en la capitulación de la ignorancia? -un error en tal apreciación puede entenderse exclusivamente mientras se estime que el examen y el ensayo no han concluido. La derrota insostenible le forja su permanencia ¿no es monstruoso el despliegue de astucia con que le cercan apretadamente para condicionar su juicio y su acción a una rendición incondicional?, atascado en dicotomías exasperantes no llega a captar que si uno, otro y otros guardan el horrible silencio cobarde es debido, en esencia, al miedo que todavía no ha aflojado el amarre desquiciado de sus voces sofocadas ¿Por qué estas conductas que imagino pueriles y no otras?, ¿es plausible apuntar como ajenas las que se opinan más sensatas y no florecen?, si tal suposición no es falsa ¡qué desdichada es su consecuencia! Sin reserva alguna, creo honestamente que esta manera de enfocar las cuestiones no está al nivel del discernimiento, a menos que ésta se manifieste en el éxito velado de la facultad de camuflar, por detrás del pudor, la carencia de adecuación de la lógica ¿Surgirá el profeta cuando su perentoriedad notifique que es el momento de que suceda?, ¿constituirá esto una recurrencia excesivamente aventurada a lo superorgánico? A lo largo del camino, estas representaciones sostuvieron la dureza de la lucha interior que ha hecho posible su andadura, pero no estoy totalmente seguro de que causaran su apertura. Es demasiado avanzada la hora para continuar hurgando en mis humores, hace rato que echo de menos la claridad del día y sé, por lo fatigoso del insomnio, que la controversia instalada en el talento no es una amable compañera después de que toman asiento los celajes a la muerte de la tarde.