Un hombre a solas con su búsqueda


Es alguien que disipa su soledad y cultiva las referencias lejanas ¿no convendría que se dedicase a resolver los escollos próximos? -indudablemente fascina. Es un estudioso que, preocupado por su contribución a la confusión, se despide de la pluma de oca y, absorto, recorre el infinito ¿Escapismo de la esfera social al círculo psicológico? ¡No!, maneja de forma elegante el arco y escribe lo auténtico de sus diagnósticos y pronósticos en torno a la bancarrota del juicio que pudre ganas a su alrededor. Anda elucidando hoy el amasijo tejido ayer de los actos inmergidos en un gran número de consideraciones irrelevantes; desplaza así, irrevocablemente, aquellos aspectos de su madurez alcanzada que no se corresponden con la perspectiva que sostuvo en la época en que se cumplieron los aconteceres: es un sacrificio histórico sobre el altar de la lógica. La sugestiva actitud de su estilo se manifiesta en el arrojo con que se zambulle en la intensa orbitación de las espirales trazadas en su mente -intrépidas expediciones que lleva a cabo en la vecindad de los confines de aquello que ignora. Amontonando observación tras observación advierte que hasta la misma verdad se mueve y ésta le aconseja provisionalidad en pro de un conocimiento mayor -función ascendente-; es un proceso en el que no se atrapa la respuesta estable -quietud mortecina de la solución adecuada-, aunque los demás perseveren en exhibir una fachada consecuente -más de causa que de excusa. Se topa con unos problemas que, en el caso de que se abandonara en ellos, acabarían por ahogarle: se presume en él la imprevisibilidad del cómo y acerca de cuándo contesta a los hechos. Los valores que elabora en el territorio de la abstracción -lenta cocción sin llamas- le persiguen mientras no mitigue su abuso -viento de peste- a través de una contrastación con la realidad.
     Quienes abarcan, mensuran la negación ¿Y en cuanto se van?, la reacción y el oscurantismo esclavizan -las retiradas a la sequedad de la meditación se asemejan a un capricho gótico- ¿les falta enganchar con la ciencia general de la existencia?, ¿quién se atrevería a decirlo? Son endiablados estos ciclos continuos anabólicos y catabólicos; desquiciados ecos de generación y en degeneración, episodios que se suceden al igual que una ola detrás de la otra. Incesantes y recurrentes, constituyen la pauta del curso esencial. En ocasiones, de los lances asignificativos que se citan en el juego de lo casual -aparentemente desligados de unas normas fijas-, y a pesar de la rudeza de las ideas iniciales, emerge el brillo del talento inesperado que admite lo ocurrido y reconstruye el andamiaje; más raramente, incluso proviene de las creencias extraviadas, redactadas con fanatismo y matanzas; con menor probabilidad, es la inteligencia la que engendra nueva inteligencia. Las percepciones anticipadas -por lo común inconscientes y accidentales- de aquel que conserva encendida la lámpara a medianoche rechazan de antemano las restricciones intrínsecas; son extraordinariamente amargas, e innegablemente, apuran molestias al romper la secuencia temporal -no son tan ácidas al aparecer completamente conscientes y directas ¿Y la ética?, ¿lo que hace la gente?, le señala la armonía del sistema y le muestra los obstáculos que frenan las insinuaciones de cambio. No tiene más remedio que seguir de cerca las propuestas -evita sufrir un castigo ¿Maldición o ventaja?, es un terrible descubrimiento que turba su complacencia y fragmenta su alma -penoso por lo fortuito. La postura racional llegó después y trató de eludir el abismo, reguló el orden liberador en los conceptos y aseguró los sentimientos -feliz retorno a la cordura. Una narración en la que se descuiden estos vuelcos languidece y decae de la anécdota a lo anodino: economizar sus prácticas vivificantes es un despilfarro.
     El modo de proyectar del acostumbrado a sortear trombos es complicado por descontado ¡qué lamentable crónica de raciocinios despedazados en el yunque de las circunstancias nimias!; lo lanzó -a cada giro con un mejor dominio- al desafío de la comprensión del mundo. Rastrea la certeza, ¿interna?, ¿en medio de la maldad nunca extirpada de su infierno que quiere suavizar?, ¿y la voluntad de daño exterior?, aduce impotencia -parece una explicación y es una coartada ¡Dios mío, que embrollado es remodelar la humanidad y catequizarla en sus necesidades humanas! Emancipado de la estañación impuesta por la educación, su espíritu amplio despierta a los ritmos extremados de la valentía y de la tenacidad; siempre dispuesto a improvisar en las dificultades insospechadas y a acelerar al comparecer las oportunidades sorprendentes -aprecia el empuje inmenso de la corriente que nutre su estancia en la tierra. Desde el momento en que reafirma su derecho a definirse, comenzará a desenredar las trampas que despliegan a sus pies, y efectivamente lo conseguirá; es una conducta útil a la que toca subordinar y transformar su personalidad. Funda la marcha en la experiencia gestada en la contrariedad; ¡cuán diferente es la secuela de los éxitos!, insisten en la amortiguación del avance -es más cómodo aliviar el embotellamiento de las cuestiones abiertas con parches y refuerzos que saludar con entusiasmo, en la escena satisfecha, a la indispensable irrupción violenta y sugerente. Ante la determinación y el compromiso, toda la respetabilidad que le reconoce porque intuye en qué se transfigurará más tarde se calza con un silencio fúnebre y acuerda alinear una oposición despiadada e histérica, arropada por una disciplina marcial de estrategia y táctica, con la innoble intención de desacreditar su tentativa ¿no la califica acaso de desajuste moral?, ¡enloquecido disimulo intrigante que florece agazapado en el amparo del secreto a voces!, ¡madriguera de tinieblas en la cultura del revés! El equilibrio posible entre la independencia y la organización vendrá de la mano de la calidad complementaria y no excluyente del ansia y la eficacia; no obstante, urge un excepcional coraje: aplicar el dedo en la llaga de la opresión y renunciar al premio con que se compra la complicidad en el engaño ¿Aprender lo justo relativo a los límites factibles?, es preceptivo el largo de una vida, por los prejuicios, las suspicacias, los recelos y los antagonismos que enfrentan al hombre contra el hombre. Averiguar cuál es la obra que debe ejecutar lo ayudará a aceptar su biografía, y sereno se convertirá en el artesano de su sustancia; sentado al refugio de un árbol al borde de cualquier vereda se le nota el propósito de reconciliar el calendario solar con su cronología medida en lunas.
     El desastre impregna fatalmente de cautela a quien reclinó su cabeza en la orilla de la inmortalidad; adorna la discusión con engoladas disertaciones gramaticales que no descifra, y se entretiene en glosar con un lenguaje rimbombante las trivialidades más elementales. La crítica que acosa a los dogmas dibuja el contorno de los peligros, y en la mitad de la agitación ajena a treguas, su carácter se torna difuso y místico. Ahora es astuto y escondido, le interesa cómo trabajan sus congéneres y no por qué operan de esa manera. Su desprecio se adivina en el vagar pedante, inútil y vicioso; no logra ocultar el aliento caduco e improlongable que lo mantiene ágil en un presente de mera sinrazón y de irrealidad -suplicio de sus adversarios ¿Y adónde fue a reposar el sentido expulsado?, a ningún sitio, el vacío de las argumentaciones redondas lo ocupa el primer sinsentido que salta de la ciénaga al aire. Bajo el impulso del temor por la pérdida de la esperanza, su soplo deja presentir su pleno vigor y supera las tendencias divergentes que lo ponen en conflicto durante su progreso. Brinca del drama de la evolución y de la creación a la lección de las fuerzas subyacentes desatadas en constante metamorfosis -antes cosmogónico y en esta hora cosmológico. Jamás ha de encontrarse a salvo; ¿es a expensas del hambre de razones, hija de la pereza, que se componen en la masa encefálica los mitos?, no desentrañan el enigma, y el envenenamiento que producen somete a su destino; únicamente, la adquisición del saber le trae el poder con el que ahuyenta el pseudoproblema -se introdujo subrepticiamente- de naturaleza extraña a la interrogación fundamental. Consuela darse cuenta de que no es preciso cazar la especificación exhaustiva; para empezar, es bastante con apoyarse en las leyes provisionales que controlan al fenómeno -buena parte del cuadro permanece en penumbras.
     ¿Y si tales pensamientos le encaminan al principio al desánimo de la inacción absoluta y contemplativa, y posteriormente a la acción brutal de la barbarie irracional?, al que dilapida sus contradicciones, la inanición de sus neuronas amenaza con agotar su visión. Los excesivos desvelos y la temeridad son imágenes deformadas por la concavidad y la convexidad de un entorno que no se capta -no se fracasa por carencia de capacidad, sino más bien por el empleo defectuoso de la potencialidad. Sus prédicas y denuncias equivalen a las sombras que alargan en negro la figura: acompañan a los aspavientos de los brazos, pero no permiten entender el dolor que rasgó con arrugas el rostro. En el instante en el que se frota el cerebro con el discernimiento, el orbe, que persistía rodeado de un manto de misterio, pasa de un caos a un cosmos; se me antoja que la máxima es "recordar tenazmente a fin de no olvidar que las guías las colocó allí la eternidad"; vuelve entonces ilusionado sus ojos al cielo con una mirada cristalina, desvestida de pasión, como la de los pintores cuando reparan en un paisaje al atardecer, y halla la estructura del espacio y del tiempo. El arrebato por ser le distingue y le proporciona simultáneamente una ancha actividad, susceptible de desencadenar profundas alteraciones -posee un robusto contenido que trasciende de sus motivos originales-; se trata de una decisión enérgica en su afirmación de proscribir el odio, y firmemente prescribe -mensaje propio- la paz en el seno de las criaturas. Resulta claro que no es suficiente acercarse al individuo y vigilar exclusivamente su proceder -la descripción en solitario no desnuda el significado de las incidencias, las extiende en estanterías de exposición-, es par en importancia percatarse además de su trayectoria.