Soledad y
baile de amor y de muerte


Te conquisté con paciencia para entenderte, con dulzura para que me comprendieras, con amor ¿Lo ves?, los dos no somos ya lo trascendente, ¿fuimos alguna vez?; es mejor, me gusta más meditar en la comunicación al reconocernos, la relación. La magia ha llegado, sólo instrumentos cubiertos con la piel de las estrellas ¿No es la fiel unidad del Universo?
     Me alegra que hayas decidido componer mi pareja en la danza vertiginosa de la presencia desnuda y de la muerte invariante -drama colosal que deseo paladear. Después, ven a compartir la eternidad y, pisando el silencio de mi soledad, recorrer sus extensiones. ¿Es esta misma soledad?, como el vapor que no es más que agua que hierve, en lugar de agua que corre, pero caudal agotado del primer retiro forjado a golpes propios de yunque.
     Ahora callaré de la felicidad interminable liberados de la carne, no en vano nuestros cuerpos, nuestros hermosos cuerpos, antes saltaron las cadenas; tampoco pienso en las almas aligeradas, pues en el tiempo, en la exacta edad ilimitada del aire, volaron. ¿En qué será diferente?, en el andar inmóvil de las horas, a la perpetuidad, volcados; en el mundo donde se perece, en la insostenible desesperación gozamos, revolcados.
     Nos hallamos. Titubeaba en el abismo, en la fase más penosa de la continua crisis de crecimiento que es mi experiencia, saludable porque no fue nunca capaz de arrastrar la marcha a la parada ni el contento al desaliento. La angustiosa voz privativa de los amantes en el relámpago de sus figuras poseídas arrancó de las grotescas pezuñas la esencia herida al monstruo visceral en su festín de hambre, de poder, de gloria de cloacas y también de olvido. Los períodos de paz que saciabas no debieron de constituir más que momentos de restablecimiento fugaces en la interrogación infinita por los desvanes y sótanos de los espíritus. Entonces, aún no me percataba de sus vestidos de harapos, raídos, se me antojaban en cueros. Con sabor de escondite, vagar por los barrancos en paseos por laderas de hondonadas, alrededor de los roques arañados por el grito pardo del basalto, y tocar desnudos la luz en tu negro, por donde se engendra la vida.
     Sin apercibirnos siquiera, se hacía más y más profunda la sima que separa la actitud de grandeza y la irrefrenable miseria humana de destrucción, acaso más allá del fin tenga ocasión su oportunidad definitiva. Se logra abrir más ese Bósforo al descubrir que la fuerza de los crucifixores no parte de lo que saben de marrullería, sino de lo que el hombre entusiasmado por el impulso de ser ignora del submundo de sus buhardillas. Mi ánimo se encamina así hacia la independencia, aunque sometido a duras pruebas, sale poco a poco de su atonía por un baile de desnudos. En el encuentro, se fijó la atracción al igual que en la fundación el espacio de la ciudad; luego, el urbanismo, al modo de los anhelos, tomó su asiento en la expansión por una clausura entregada.