No me atrajo a Siwa
el tesoro de la reina Khamisah


Alejandro el Grande desembarcó en Marsa Matruh en el 331 a.C. y se incluyó en la llanura habitada por la soledad -de la misma costa llegué en el verano de 1992. Hacia la mitad de las siete jornadas del trayecto, los odres no retuvieron más líquido y gracias a que una lluvia imprevista ahuyentó el espanto de una muerte segura; después sobrevino una tormenta de arena y, cuando amainó, dos cuervos guiaron a la caravana al paso de las bestias -algunos aseguran que los silbidos de las serpientes dirigieron a la comitiva real. El favor deífico en el recorrido lo apreció Plutarco mayor que la recibida en el lugar sagrado. Mientras considerábamos aquellos periplos día tras día tras día a la grupa de camellos, bajo un insufrible sol y con la bebida restringida, echamos un vistazo al mapa de la zona apoyados en el salpicadero del pesado autobús, y confieso que la situación extrema del destino propuesto aumentó en mi interior con el episodio antiguo. Imagino que la admirable altanería de las palmas mecidas por el viento saludó su llegada. Satisfizo sus consultas y marchó por la ruta que transitan los oasis hasta Menfis ¿Qué escuchó el emperador en el santuario?, anunció que no lo comentaría con ningún semejante antes que con su madre -falleció sin estrechar a Olimpias de nuevo. Ni un único acompañante entró con él y no se conocerá jamás ¿ganar una confirmación de su divinidad? El general macedonio inmortalizó el soberbio rincón del desierto líbico -animó a los estudiantes de la mística y la historia de los augurios -su notoriedad alcanzó a ser atendida por más de ochenta sacerdotes.
     Paseé lentamente por los exteriores del recinto de los vaticinios y gocé de un panorama imborrable: abajo, los penachos componen un inmenso tapiz verde -lo interrumpen montañas de extrañas formas; al frente, la población vieja y su fortaleza destruida; el deseo por girar el cuerpo descubre más lejos un reposo a los ojos en los páramos del color de la nieve -devuelven virgen la claridad que les cae encima a la hora del mediodía-; y en derredor por el horizonte el polvo infinito -fronteras del milagro. Inmerso en la fantasía cierta de la excelente perspectiva, los problemas domésticos de aquí y allá se hunden irremediablemente en el suelo resbaladizo de su insignificancia ¿Qué pretendo viniendo a estos remotos parajes?, ¿la desdichada búsqueda de los orígenes no agazapa sus intenciones en mis viajes? En la cripta de al lado de la cella quizá se escondió el que ahuecó la voz en los nichos para imitar a la omnipotente en las respuestas atribuidas al dios. El más bravo de los guerreros quiso que le enterrasen en el vergel testigo de su diálogo íntimo, Ptolomeo detuvo el cortejo fúnebre en la
primera capital de Egipto y ordenó su descanso eterno en la ciudad que fundara a orillas de Mediterráneo.
     Resulta evidente que no me agrada observar de segunda mano al mundo, prefiero ir al encuentro de los acontecimientos y sus protagonistas, aunque se fugaran con sus épocas -el pretérito obliga a olvidar lo viciado. Desde luego que tracé el paisaje en el dominio donde me gusta vivir: en los confines de nadie; atravesé la línea cuantas veces me apeteció y averigüé del hombre en los demás y entendí más de él en mí. Y juro que, afortunadamente, la cantidad y el hedor de las miasmas no crecieron paralelamente al envejecimiento de la humanidad; por ello, estimo que el creer plausible la afirmación nostálgica apunta en la dirección de unas miras defectuosas; ¡afínese la retina!, es posible con el progreso que supone el aprendizaje. De otra manera, del manicomio insoportable que es hoy lo cotidiano se hablaría con la melancolía del paraíso soñado.
     El brazo hosco de los milenios y el calamitoso efecto de la tierra marchita ocasionaron el derrumbe; ayudó también un oficial ignorante que empleó parte de la muralla del Templo de Amón en la construcción de la escalera de la comisaría -los colosales bloques que permanecen alrededor de la singular pared todavía erguida constituyen ruinas del techo. Debo informar de que a pesar de que no practico escrupulosamente los preceptos religiosos, les reservo sus derechos. No sé por qué pero involuntariamente, el nombre de la deidad me evoca el amén con que concluimos nuestras plegarias; y, no obstante, allí no oí que alguien se declarara cristiano. Los siwanos son racialmente distintos de los beduinos del resto del racimo de las islas de vegetación y sus facciones distan de las de quienes ocupan el Valle del Nilo -más cerca del europeo que del africano ¿Y qué hay de su valiosa joyería?, en los tiempos de ahora se fabrica en Alejandría, ¿y la amplia sábana de tela con que se envuelven?, procede de una localidad vecina de Giza. La palabra del oráculo se apagó hace siglos, y sin embargo su hechizo persiste aún; la savia del manantial más importante, Ayn Qurayshat, continúa perdiéndose en el lago incorruptible de Al-Zaytun.
     Al atardecer alquilamos un par de bicicletas y pedaleamos según las señas que nos daban de Fatnas los árabes. Nos bañamos un buen rato en un nacimiento de agua dulce inmediato a la inmensa extensión de sal. La tarde camina hasta el sitio en que se supera con los ecos espontáneos del resplandor en su lecho lechoso; temí por unos instantes quedarme retirado -me contaron que el espíritu de Jim rapta a las personas. Atajó mi ansiedad el retorno de mi cómplice de correrías, y el magnífico ensueño del estanque de olas quietas que sostiene la proyección blanquecina del astro que expira a mis pies -en esos momentos, próximos al ocaso, declina ostensiblemente. La fantasmagoría de los reflejos cuajados orienta al alma por detrás de las representaciones -en el país de la nada los símbolos se despojan de sus ropas de materialidad. Obviamente, no recuerdo lo que me sucederá mañana ni pasado porque la rueda de la memoria rota hacia atrás; me figuro el espléndido vuelo rumbo al poniente -sigo a la luz y regreso de espaldas a la bola de fuego. Y, al fin, la Tierra volvió a su faz tatuada con los rasgos de la oscuridad mítica.