El salacot del color
de las sienes del Sangay


En este paraje inolvidable, no es difícil percatarse de la evidencia de que los pensamientos de su gente no se insertan en el armazón que la civilización occidental edificó con nociones, ideas y conceptos. Es verdad que en los pormenores se revela inagotable la diversidad del espíritu, pero, al igual que en las distintas regiones que he visitado, aquí volví a reparar en lo inmutable de su estructura fundamental. Y es por esa razón que el sujeto que pretenda desenmascarar en sus costumbres los propios prejuicios, obviamente las dejaría al descubierto -la obstinación por lo restringido condena al individuo a toparse con el contorno disminuido que se emperra en distinguir. La tenaz duda -bisturí del conocimiento- resiente su osadía en atención a la constancia reconocida y calla. Durante los prorrogados silencios, la observación correcta extrae los rasgos comunes además de destacar las disparidades sugerentes, y rápidamente la inteligencia asume el encargo de distribuir estas adquisiciones en un orden lógico -así las utilizará con mayor libertad. A pesar de que ahorré del recuento lo irrelevante, no me llevo la sensación de haber fijado el cuidado en la suma de lo necesario para abarcar los modos en que persisten los naturales del lugar; no obstante, creo sin vacilación que percibí las presencias variadas de cosas profundas arraigadas en sus hábitos y, sobre todo, llegué a tocar la urgencia por la condensación de lo que da a primera vista la impresión de casual -en realidad, eran los decisivos aciertos de éstos.
     A la mañana del nuevo día, el temporal se marchó a cualquier parte y por medio de la emisora arreglamos el abandono de la selva al norte. Apalabramos con un tatuado nuestra intención de regresar y cogerlo como guía -aceptó encantado y quedó comprometido-; proseguiríamos río abajo montados en una balsa de troncos hasta Morona. En el grabado de la cara, el shuar  depositó el deseo por incorporar, de forma permanente, belleza en sus facciones ¿Es un derecho o una obligación?, con independencia de esto que ignoro, la convención en el significado del simbolismo parece establecida, y está claro que lo expresado por la pintura indeleble es descifrado por los de su pueblo ¿obtuvo el arte extendido en el cutis el rango de escritura? La estética animada de estos indios se recoge en la combinación de los plumajes del tucán -adorno del cuerpo-; su escaso precio en sucres debido al empuje de la moneda española relega aparte el fenómeno económico en el momento de la compra. La avioneta que procede de Yaupi con un sacerdote tomó tierra en Pastaza al mediodía; recordaré siempre el blanco traje talar y la enorme barba cana y afilada de aquella persona dedicada a Dios en los demás ¿Cómo postergar en mi memoria el salacot del color de las sienes del Sangay con que resguarda del sol la pálida piel de su semblante y salva del calor su cabeza cargada con más de ocho decenios?
     La ruta hacia Ambato me es familiar -por ella pasé en mi andar de búsqueda entre Tena, Misahualli y El Coca. Consideré muy lejana la posibilidad de acercar mi experiencia al mundo de los jívaros, y en cambio, ahora vengo de rozarme con el magnífico canto verde donde acontecen sus existencias. Lo que en unas circunstancias se vislumbra inabordable, resulta abordable al exhumarse los miedos, rastrear los recursos y emplear con valor los argumentos. Las imágenes que logré reunir en las jornadas transcurridas junto a las criaturas de rostro labrado consiguen mantener ausente el interés que intento hincar en los fantásticos despeñaderos de agua -¡atrajeron tanto mi entusiasmo no ha mucho! Me juzgo incapaz de omitir del saludo del pasado la mirada despierta en los ojos del Padre Barale, el puente que cimbrea al paso lento del misionero Arcos y el duro camastro en el que me constituí en dueño de mis preguntas de ensueño.
     Fue inútil tratar de encontrar la tzantza, recuperada por las astutas gestiones de Juan Arcos, en la segunda planta de la Casa de la Cultura de Quito -allí nos dijo el predicador de Miazal que un amigo suyo la admiró dos años antes. Islandia Báez apuntó que por cuestión de sacar a exposición otras piezas, se guardan en las bodegas algunas de las mostradas al público. Solicitamos su ayuda con el propósito de averiguar y hallamos la reliquia. En lo alto de un andamio y envuelta en un plástico negro, se archiva una vida abortada; el resto reducido de Huatingui lo entregaron con un oficio fechado el veintisiete de diciembre de 1952. Advertí entonces el final de una historia que ocurrió hace más de un cuarto de siglo, y nos comenzó a ser contada apenas ayer mismo, por un hombre entero que recolectó a lo largo de su edad la fracción más densa y poderosa de su energía. Juanito inspira una confianza inconmovible; de la reciedumbre de su perfil humano se me antoja que de auscultar la desgracia su mente no sufre quiebra, más bien imagino que su talento vibra.
     Siento fuertes ganas de que avance el tiempo -preciso arrinconar lo accidental y contemplar el madurar de lo esencial- porque es sabido que cuando a lo aprendido le atañe aún demasiado lo vivido, se le nota prolijo en detalles y es indispensable alejar de la retentiva, en determinada medida, las particularidades si se quiere que tengan cabida en el consciente los procesos de clasificación con sus diferenciaciones. En el camino evolutivo que arranca de la apreciación no se tarda excesivamente en alcanzar el punto de sazón imprescindible: el respeto de las pautas desemejantes y su toma en cuenta. La eficacia de tal progreso se vincula al seguimiento del rito subsumido en la cadencia reflexiva del entendimiento a la espera de la época comprensiva -¡extravagante período alimentado por una dolencia en grito!