La huelga del transporte
prendió las hogueras en el norte


La buseta que sale para Ambato sigue fielmente las idas y venidas del trayecto cubierto de piel de tierra. Desde Puyo se divisa el elevado cono nevado del volcán Sangay. Esa colosal montaña la admiraría en otra oportunidad desde el aire, en un viaje a Macas, pero esa es otra experiencia y la contaré en su correspondiente secuencia cronológica. Por aquí se detuvo hace bastante -al inicio de la colonización- la ambición que despierta el metal amarillo. La noticia de mayor cantidad de oro más al sur hizo bajar a la carrera, en idéntica dirección, el afán por la rápida opulencia. La legendaria sublevación de los jívaros al término del siglo XVI no fue ajena a esa estampida de los ansiosos de riqueza amasada con barro; y es que, hartos del cinismo voluntario de los donativos obligados que saldaban con frecuencia, no aguantaron la requisitoria con motivo de la coronación de Felipe III. Hay un lugar de extraordinaria belleza próximo a Baños llamado Puerta del Cielo. El agua cae de muy alto en el ancho de la pista y hemos de cerrar precipitadamente las ventanillas -así se guarecen de la cascada los enseres y la vestimenta. El Velo de la Novia es otro precipicio líquido abierto en la vegetación apretada de aquellos hermosos parajes. La aseveración de que la codicia ciega los ojos de las almas y la apreciación de que esta enfermedad del espíritu vuelve turbia la mirada obtienen su vigor doliente al echar un vistazo en la historia que anduvo por estos espacios; olvidaron la magnífica exuberancia y marcharon tras la abundancia, a todos buscó la muerte: unos pocos, con la sonrisa de paz en sus labios y los más, demudados en el odio encendido por aquello nunca conseguido.
     Montado en la acera, escuché a una adivina perorar de las fórmulas ocultistas que los deseosos de mejorar su suerte leen con congoja de un impreso doblado; el sobre que contiene el mensaje es sobado durante algún rato en una tzantza recogida en una urna de cristal -responde, casi siempre, con la ilusión pagada. La presagiadora se ve a sí misma indefensa al igual que cualquier otro humano frente a su perecimiento, y vive también sumida en esa cruel agitación, a pesar de que se sabe invulnerable como especie mientras no cierre sus párpados definitivamente ¿no posee acaso una entidad superior? Estos seres están enterados de las desgracias que hierven en un pecho intranquilo, por esa causa no fallan en las predicciones que cuentan con el fango denso y blando de sus miserias. En el silencio anterior al sonido sordo y profundo de la orientación esotérica que manipulan, se ha oído o se ha podido oír el carraspeo de su voz que ahueca la palabra -infunde respeto y autoridad en la interpretación. Aunque... ¿alguien distingue si esto es absolutamente verdad?, urge un esfuerzo desvestido de emoción para abarcar la función persuasiva y coactiva del rito. Nadie, y en medio de ese nadie implico a la persona que soy y pretendo ser, tiene la intención de observar la magia con interrogación escrutadora ¿no cumple por fortuna un papel monótono y por tanto apaciguador? No reconocí jamás en esta clase de sujetos la vergüenza por disimular los hechos que contradicen su explicación, aseguran con singularidad sospechosa que en realidad lo esencial subyace en la garantía divina y escapa por ello al control de los sentidos. Lo increíble ha resistido a la angustia del pensamiento por su incapacidad de abordarlo, ¿y lo incomprensible?, ¿no sufrió constantemente el empuje del conocimiento en su ensayo reiterado una, otra y otra vez por resolverlo?; si la rebeldía por la impotencia ante esas ancianas influencias no arroja al individuo al quicio del rechazo, ambas consideraciones revelarán, en la intuspección, determinadas complejidades, en principio difícilmente inteligibles -el entendimiento, ¿no parece ampliarse por intuscepción? Una ayuda segura al peregrinaje por las ideas es que si se aspira a desenredar, al menos un poco, el enredo de tales representaciones, más vale no internarse en la oscuridad del bosque de los raciocinios perdidos -en esa espesura, la afirmación cuelga de las hojas, y el No nutre su rotundidad en la raíz; al instante, se advierte a la negación roer el verde y al Sí horadar el humus.
     A escasas fechas de tomar el avión hacia Caracas, me preocupó en Ambato no sólo el comienzo de la huelga en los transportes de pasajeros, sino el rumor insistente sobre un nuevo levantamiento indio en el país -el último había sido en junio pasado. Con actitud serena pero firme, veinte mil hombres y mujeres de aspectos cobrizos bloquearon los accesos y ocuparon la ciudad -demandaban la reforma agraria eternamente pendiente; "que nos den tierras", gritaban. Chillarán y protestarán hasta desgañitarse. Decidimos, después de la cena, alquilar un vehículo con que llegar a Quito ese día; no resultó fácil animar a un conductor -arriesga su propiedad en la ruta por la violencia de piedras volantes y tachuelas-; ¿a quién recurrir en la ausencia de socorro mecánico en el camino por la intimidación de los piquetes? En las cercanías de la capital, unos jóvenes gritan en la noche, no precisé cuántos -resguardo en la memoria únicamente la impresión que el grupo causó en mi imaginación-, se mantienen comprendidos dentro de una expresión de solidaridad en la lucha social que el mundo ha soportado de antiguo y está aún sin concluir. El muchacho ebrio que se arrima a dialogar nos ofrece su protección del lazo de llamas prendido en las barricadas de fuego. Hubo que ganar su favor para el paso -litros de gasolina con que alimenta al monstruo de luz y calor tendido de través en la carretera. Es una transacción que se ha de repetir en tres ocasiones, porque conté en ese número los muros de incendio. Cuando la resignación de "los sin nada" se descompone en la desesperanza convocada por la falta de perspectivas, la confianza en la solución de sus necesidades más perentorias cede el turno a la acción desmedida; en esos momentos, los abatidos acuden a la combustión de sus hábitos de calma en la hoguera ¿No es quizá el baile de sombras en sus rostros una oración sin fin, preñada de sortilegios?