Esforzado, solté en Tena
el periplo terrestre comenzado en El Coca


De pie junto al pequeño puerto, eché un vistazo, por última vez, a la caminata sin tregua de las aguas del Napo. Di media vuelta, de espaldas al río y carretera abajo atravesé el mercado de frutas y viandas; detuve mis pisadas y deshice el sigilo pillado en mis pensamientos al borde del trato con los chóferes de las camionetas para el regreso a Tena. En la búsqueda de la conveniencia, el estira y afloja cree al dinero muelle, pero la tortura de tanta tensión y compresión guía la avenencia al pretil de la ruptura. Poco más tarde emprendíamos la marcha a lomos de un bus repleto de gentes aferradas a los estribos. El vidrio de la ventana es la frontera del gélido que cabalga a sus anchas por la Tierra cuando el sol renuncia a su mando en la acucia de la diurnidad a la nocturnidad; a través de la transparencia del cristal, percibí brotar un extenso e intenso desfile de formas condenadas a la extinción de luz -desde la amanecida de las épocas, viaja este rito de agonía que repite su duelo al expirar la jornada. En este país de venas dulces, como el puente necesario para el cruce de la corriente líquida no ha sido aún construido, una balsa con amarres a las dos orillas viene a salvar del accidente geográfico a nuestro acarreamiento. Oí entonces a los encargados del paso ordenar a gritos el embarque del vehículo. Cierta inquietud embarrancó a oscuras en la tiesa espera de los pasajeros bajados al entablado -atentos a la emigración de la avalancha empeñada en arrastre- ¿No aguantamos sus chillados silencios sujetos a los chirridos de las poleas?, los cables de acero mueven con dificultad resuelta el armazón hacia la margen vecina ¿No ocurrió aquella noche, mientras flotaba en el centro del curso, que reconocí los rostros tejidos en el cañamazo que mantiene firmemente ensogado el conjunto de los hábitos?, ¿no sentí en el avance defendido por la penuria del artilugio mecánico -atadura de nuestra endeblez a las riberas- que en cualquier dirección, los aspectos cambiantes de la cultura se agarran al logro de la permanencia en el progreso de sus grados? Sin duda alguna, los hombres que estoy contemplando no son residuos anómalos, sino la conclusión de las sucesivas adaptaciones, actualizadas en cada adelanto, a las variaciones sufridas por su raza; debido a sus características de acomodación, estas personas han superado no sólo la selección natural sino la impuesta por otras ¿no fue además la transmisión de las pautas aprendidas en estos avatares un factor de suma importancia que prolongó sus linajes?
     La pista retomada se duele marcada por heridas profundas de rodaduras pesadas y a sus costados perseveran, en su anarquía de tierra molida a empujones de derrapes, los deslaves que contienen, a duras penas, la amenaza proferida a la existencia viaria. El segundo tomo de "La historia social de la ciencia" entretuvo las seis horas del trayecto, le agradecí al profesor de Cambridge John D. Bernal su interesante disquisición, en aquel apartado ángulo del planeta, sobre la influencia del pasado en las nociones y de la inteligencia en lo humano. Es evidente que no es posible hablar de concepciones alumbradas por un espíritu inafectado de su entorno ¡Cuánto costó siempre parir una nueva idea en nuestra epopeya!, es más sencillo desarrollar el juicio esclarecido -¡qué enorme es la velocidad con que se propagó! ¿No es demasiado fuerte, quizá, la responsabilidad del sabio ante sus semejantes?; cavilé, dilatadamente, en estas consideraciones y sobre otros asuntos mirando las tinieblas de afuera.
     De la medianoche al alba, en el sueño del hotel Auca, abandonamos el cansancio traído hasta aquí. Despabilado al otro día, atrapé como pude el sentido de la cuestión que se escapa entre las caras equívocas del crepúsculo; tampoco dejé suelta la fuga a los malentendidos que se atragantan, en el buche del entendimiento, acaso por el escaso período de maduración. En todo caso, en esta lucha nunca venceré, porque es propio de la realidad esencial el prohibir su captura en términos de una definición que acabaría por limitar su don misterioso y atajar su genio expandido por allí y más allá ¿Habré quedado convencido, al menos, de la libertad fijada a la substancia?, el alma impalpable se manifiesta como lo hace el aire en el lenguaje del viento: apacible al igual que la brisa de aquella madrugada y en las tormentas lastimosas del padecer mezclado con el frío y la lluvia de la intemperie en sus cuerpos. La yuxtaposición de los matices más inesperados ha propiciado que experimente la diversidad, ya definitivamente, como la totalidad que lleva dentro su homogeneidad intrínseca, ¿no parecen así los seres constituir los distintos receptáculos en que la entidad única se recoge en sus símbolos y dimensiones diferentes?
     Por la falta de pruebas tangibles, no quisiera obstruir mi razón por más rato con la incomprensión de las interacciones del individuo viviente con su ambiente; algo después del arranque del transporte, esta gran ceremonia persistía inmergida en la sombra de una india estacionada en la parada. Retengo la impresión que causó en mi retina la mancha negra carente de espesor e inscrita en el contorno diáfano durante el instante en que la mañana se parte en su mitad. Imagino que las aristas agudas de mi educación europea han de torcer con mayor decisión su rigidez hasta que se opinen maleables, y permitir que la imprecisión circundante y de las conductas se advierta de una manera irresistible en las vaguedades del discurso. Presumí la cercanía de este estado en los bellos momentos en que seguí de lejos las figuras caprichosas adoptadas por la multiplicidad indiferente de los largos cabellos de mujer esparcidos con gracia y sostenidos con el garbo que sopla en el álgido Tena. La hermosa amplitud del recuerdo reflexivo procede del fervor que he puesto en la intención de recurrir con más determinación y franqueza a la analogía innegable que subsiste por distante que sea.