A la juventud, prodigioso oleaje del existir



Queridos vecinos y amigos, no me cabe la menor duda: a la invitación a sentarme ahora y pregonar las fiestas de San Juan, contribuyó de manera fundamental el cariño que disculpa las flaquezas cometidas y empuja la empresa de seguir adelante. Responder a una cortesía de tamaña magnitud en nada se identifica con una tarea simple; en primer lugar, supone asumir con responsabilidad el honor que colma de satisfacción a un natural de aquí, escoger con esmero un tema que ciertamente nos afecte, e imbuido de la solemnidad que el acto merece, encaminar la palabra. Nunca los símbolos de la razón -el compás y la escuadra- se enemistaron con la emoción que despierta contemplar la pureza de sus dibujos -el círculo y el cuadrado. Debido al interés que suscita el imperecedero relevo de la esperanza, me apliqué en preparar un discurso a las nuevas generaciones. Por mi bien y por el provecho de unos y otros, procuraré no defraudar a los que comparten este rato situado al final de la tarde y a la autoridad que confió en mí al escribir el programa.

     El progreso faena con frecuencia en la casa del esfuerzo, y por tal motivo, en caso de que el éxito florezca, lo hace en el pecho de los que resisten la disuasión acordada por la inseguridad de los cambios, pierden el miedo a entrar y desoyen la vergüenza que ocasiona el fracasar. Que nadie se llame a engaño y olvide el carácter parcial de las victorias, ¿qué revolución curó de la cúpula a los cimientos a la población que la practicó? El triunfo no supera la áspera prueba del tiempo, ¿qué fronteras estableció definitivamente un tratado? ¿Te das cuenta, juventud?, hablo de la vida igual que de una batalla perpetua frente a un mundo hostil donde los tropiezos esculpen el temple. No permitas que el sabor de la derrota amargue tu valentía temprana y, aunque te espante la maldad de tu especie, ¡aguanta!, un refugio detrás de tu piel socorrerá la urgencia del descanso ¿Qué es el hombre sino un bípedo sin alas destinado a habitar en una ciudad que elevó poco a poco su cabeza a costa de pensadores y virtuosos?; por eso preocúpate por protegerlos, y ocúpate en demandar de la cosa pública que estimule sus aptitudes -únicamente los miopes despilfarran recursos limitados.
     Al heredero de esta época difícil le pido una reflexión sobre anteriores mareas más crecidas -la tempestad no ahogó a los que guiaron su experiencia con arrojo y destreza. En los períodos de espesa calamidad colectiva, un puñado de almas impuso cerrar con coraje las puertas a la tiranía del pesimismo, atacó las penurias que ceban su ferocidad en las crisis, y a enormes zancadas puso en fuga a sus secuelas -los protagonistas aderezan su testimonio con la fe de los demás, y es que quienes emplean los medios brincan de sus desgracias particulares a las apreciaciones generales. De ordinario, la marcha de los trastornos sociales se produce de forma compleja, y no resulta sencillo indicar con normalidad la causa y el efecto. No te inclines por el estilo de un lobo estepario, ni del lado de la conducta que comporta una manada; el compromiso con que resuelvas la tensión de los extremos forjará la calidad de tu talento. El equilibrio es asunto de cada cual -las circunstancias ayudan u obstaculizan, en absoluto deciden.
     Desde luego, las sensaciones representan un atractivo muy especial, y obviamente reconoces que acercarse al pescante de los vehículos que transportan las turbaciones excita. Beber con desmedida sus néctares despista; detienen tu búsqueda casi al principio, y a la postre hartan. Conviene que frenes en seco el derrumbe sistemático de las reglas éticas que alientan el inepto y el perverso; al concluir la pendiente comienza un triste panorama: la peste de las cloacas, los muros derruidos, la carestía y el hambre ¿Por qué no recorres el curso de tus pasiones cauce arriba?, quizá por una senda paralela a la tormentosa etapa de tu adolescencia halles la fuente primordial de todas las corrientes. Atrevido, atrevida, de proponértelo remontarás el último plano cósmico y mecerás tus cabellos en la esfera más lejana -allí nadan las estrellas. Concibe hoy tu gran amor de mañana; probablemente, no consigas ver concretados con análoga perfección tus anhelos en la edad adulta; no obstante, presume obstinadamente su posibilidad, ¿acaso algunos de los que eligieron el fruto previamente a ti no lo disfrutaron?
     Que la vigente escasez de modelos no repercuta en tu ánimo. No exijas demasiado, ni excuses tu pereza; los que optaron por una ruta irreprochable confirman que la línea recta compensa. Todavía, el viento con que ventilas vigorosamente tus pulmones, el agua teñida de sangre que tu corazón bombea con potencia por las arterias, y los elementos de la tierra que median generosamente en tus huesos no sosiegan el fuego que arde en tus propuestas ¡gózalo! ¡Sube a las cumbres, gira y mira en tu derredor!, ¡qué soberbio jolgorio el de un ocaso!; del azul celeste que cuelga de la cúspide del firmamento y del azul oscuro que reposa junto a la base, del rojo que revela completamente sus energías al Poniente y que atenúa su intensidad conforme extiende sus brazos al Levante, del amarillo que monta sus ímpetus en los rayos de la colosal piedra en ascuas y del negro que pronto cumplirá con su cita de la noche, destila sus esencias. El quedarte ahí apagado a solas con el asombro encendido lastima la trascendencia del espectáculo cotidiano.
     ¿Cómo vas a averiguar los móviles mudos de una perseverancia?, la astucia ensayó con eficacia la costumbre del disimulo -esconde los secretos inconfesables en las lanas del cordero. Huye del más nimio espejismo, ninguna doctrina logró jamás transformar de repente la condición humana -ojalá los dedos de una mente privilegiada aprendiesen a moldear el barro maravilloso, ignorado hasta ayer. Los apóstoles de la lógica torcida que insinúan el paraíso al doblar la próxima esquina devoran tu oportunidad, violan los juramentos y corrompen la libertad; con esa suerte de demonios sueltos naufragan tus criterios más sólidos -obsérvalos y repararás en el arruinado humor de un discernimiento cojo, pareja de una mueca tuerta. Mantén los pies pegados al suelo y evitarás la tragedia del tremendo batacazo que propina la cruda realidad a los que llenaron sus cerebros con quimeras ¡Por Dios!, desconfía de los que estigmatizan a un chivo expiatorio -sujeto o grupo-, recuerda que los vicios de la comunidad abultan exageradamente y que unos cuantos hombros no cargan con mucho. Oblígate a respirar el aire casto de las cimas.
     Apelo a que tu excelente tino ejercite la tolerancia, un profundo celo por la justicia, la constancia, sobradas dosis de lealtad, la estabilidad y un porte racional de cara a los acontecimientos que vengan del futuro. En estados innegablemente angustiosos, no te abandones al capricho de aquellos que te ambicionan esclavo; cuando no soportes más el enojo del lastre, arranca por enésima vez con una sonrisa en los labios -tira de ti a pesar del peso ¡Qué insensatos se me antojan los que intentan quebrantar las ganas de ganar que esgrimen los pilares del combate por la permanencia, sanos aún!, ¿no entienden que fracturar la columna dorsal implica convocar la amenaza de la hecatombe en el edificio entero? En tu andadura, ni loco siquiera por la desesperación más terrible prescindas del don inextinguible -lo recibiste apenas abristes los párpados a la luz que proviene de la luz. Echar abajo la nostalgia por la eternidad equivale a que en tu composición intervenga exclusivamente la carne, ¿te arriegarás al absurdo de perder el voto de tu parte inmortal?
     ¿Qué aventura más dichosa que la de conocerte por dentro?; para llegar a ser tú mismo necesitas interiorizar e integrar en tu Yo las máximas aportaciones que abarques del exterior; que termines de construir tu personalidad depende de la flexibilidad con que adaptes tu individualidad al ambiente que se reorganiza continuamente en las afueras de ti. La literatura muestra la utilidad de dialogar con los mejores, la historia cuela en las pausas sombrías su servicio de cosechar la calma que siembran los siglos, la antropología esclarece en las tinieblas de los complicados vínculos las pautas de nuestros semejantes más distintos, y gracias a las vacilaciones de los sabios, la filosofía alivia a los rastreadores de la verdad del dolor que provocan sus incertidumbres. Evidentemente, al chocar tu subjetividad con los escollos que duelen a su diferenciación, te expones a sufrir una honda perturbación -tributo inapelable del que pretenda alcanzar su madurez ¿Comprendes que te sugiero un modo de viajar del nacimiento al fallecimiento?, considero las metas frágiles coyunturas de unas ansias estrechas.
     El luchar por la paz, la apuesta honesta por una vía de prosperidad, y contra ciclones y tifones conservar la salud de cuerpo y espíritu constituyen un noble ideal. Muchacho, muchacha, un honrado gusto por los referentes propios propicia que descubras los magníficos alrededores patrios; desecha la miserable lacra del etnocentrismo, porque la conjetura de que el Universo acomodara su ombligo en un pedazo determinado del globo cae por falsa; la cuestión de los remotos ascendentes no parece una materia de tan extraordinaria importancia como la visten, su machacona insistencia me olió a perfume del fatuo al que le embelesa proceder de titanes -singular renta de ellos-, prefiero sostener la cauta perspectiva del pasado y que día a día conquistemos el legado -principal posesión tuya y mía, legítima fragua de una voluntad. Y a la pregunta insidiosa de, "¿qué te ha proporcionado tu gente?" contesta siempre con la modestia de un buen hijo, "¿qué porción del préstamo cultural he devuelto?". Si los sueños del cielo regalan señas de los años por ocurrir, entonces acabo de contar las claves de la evolución con que me ilusiono.
     En el Libro más venerable de los libros leí que el Génesis amasó la encantadora figura de una Bella Criatura Desnuda; el que con un humilde ingrediente se inaugurara la obra genial, sorprende y a lo peor explica su temperamento quebradizo -función de la temperatura del horno ¿Y su endeble levedad?, deriva del uso extravagante de una preciosa autonomía -la brasa no crepitó con premura ¡Centrémonos por un momento en la vocación planetaria del descendiente de los Faycanes!, la imagen del que bautizara en el Jordán fijó su residencia en las inmediaciones de la margen derecha del barranco que cruza "Los Siete Puentes". Claro que la prudencia aconseja no incurrir en excesos, pero no tengo a gala pecar de avaro en la calificación positiva de los avances que garantizan el reencuentro entrañable en un presente prometedor; así que a los devotos de lo colonial les recomiendo diluir el estorbo de las prisas y vagar por La Alameda. Por favor, que el deseoso de arte religioso pase a la basílica consagrada al profeta; una hermosa raíz de Telde se trabajó en Latinoamérica: el milagroso Cristo del altar mayor salió de manos indias mejicanas, de los tarascos. En el recogimiento a que instan las penumbras, el que crea que rece.