Alocución en el acto de imponer en
Telde el nombre de mi madre a la calle
"Inspectora Farmacéutica María del Pino Suárez López"



Sobre la gramola en la que solíamos antaño oír las viejas canciones coloqué la caja registradora -termómetro que cada día con la frialdad de los totales marcó los desahogos y aprietos de la botica. En frente, el microscopio cubierto con su urna, que todavía conservo, descansa encima del piano  -en bastantes de las tardes apacibles escuchamos las dulces notas con que lograste siempre reposar el tiempo ¿En cuántas ocasiones distinguí tu pericia en disponer los portaobjetos, ajustar los binoculares y durante horas escrutar el universo de lo diminuto? ¿No es lógico que al salón abierto a Perez Galdós y que alberga los recuerdos más entrañables lo continuemos llamando "El Almacén"?, ¿no desempeñó un papel
paralelo entonces y ahora? De pequeño examiné asombrado tu rostro serio mientras preparabas las fórmulas magistrales en la habitación blanca repleta de buretas, probetas, matraces y erlenmeyers -ayer no existían tantos específicos. Desde la cumbre de tu bata impecable echabas una ojeada de cuando en cuando a mis dedos inquietos, y guardabas tu amable sonrisa a mi mirada atónita hasta el final del laborioso proceso, ¿de qué lugar sino de éste -abarrotado de reactivos- destilé mi vocación científica?
     ¿La ilusión de tía María?, estudiar Letras en la península, la decidida Hilda Zudán despejó los recelos de mi abuelo y ganó su permiso; no obstante, D. Sebastián impuso la condición de que la menor de las tres -Josefa escogió la carrera de Magisterio- fuera su dama de compañía. No podría precisar el número de veces en las que atendí a la odisea del viaje en barco a Cádiz y el trayecto en coche de caballos hacia Granada. No cabe duda de que a Pinito le atrajeron los libros de farmacia, pues en un curso menos de lo estipulado terminó su carrera en Madrid. Recuerdo una entrañable carta de nuestra hermana Maruca fechada en 1970 en la que leí los pormenores del homenaje brindado por el Colegio Oficial a la licenciada Doña María de Pino Suárez López -la primera mujer canaria que obtuvo tal título. Infundió en sus hijos con brío -y poseía suficiente- el interés por el educación superior: Conchita -la mayor- siguió sus pasos, Pimpín inclinó sus preferencias por las Lenguas Románicas, Tony eligió la profesión de pediatra, y yo -el más joven- dediqué mis esfuerzos a la Química y posteriormente a la Cátedra de Inteligencia Artificial.
     Hoy, mamá, bautizan esta calle con tu nombre, y por ello me obligué a desenterrar mis raíces y exponer las cicatrices de los sentimientos removidos ante el pueblo que amaste de veras. Nunca advertí con claridad la frontera que se suponía debía separar las cosas de la casa y los medicamentos ¡Cómo te fastidiaba tal desorden!, lo tolerabas porque era el orden de papá y comprendiste el talento noble de un hombre sólo con sus ideales dolidos de silencio ¿Acaso no tuvo algo que ver tu profunda convicción religiosa con la manera de encajar, además, la ceguera que te sobrevino a mis nueve años?; sin que jamás descubriera en ti el más leve atisbo de beatería, en tu espíritu reconocí constantemente el perdón, y soy testigo de que incontables manos tendidas hallaron en la tuya una ayuda oportuna. Recientemente, alguien apoyado en la puerta del despacho y de cara al patio asintió con la cabeza una consideración de su interior: "aquí comió mucha gente en la época de escasez" ¿Es concebible una herencia más importante? Aseguro, y creo que es el momento adecuado para decirlo, que si la luz abandonó tus retinas no hizo lo mismo con tu alma.
     Por último quisiera destacar que un acto así pone de manifiesto un sentido especial de la ligazón entre el pasado, presente y futuro: el ánimo por rescatar a las personas que con su ejemplo colorean la dimensión humana de nuestra ciudad. A los que vinieron a participar del regocijo de su familia, les agradezco sinceramente su asistencia; a las autoridades que impulsaron y posibilitaron la ceremonia, les confieso que dejan en el corazón de quienes compartimos su conocimiento y fe una huella inconfundible.