La frontera de la antigua Cubanacán
es el mar


Aquella mañana, mi ánimo despierto en la madrugada saltó brioso a las calles empedradas, corrió por las fachadas desconchadas y, de cuando en cuando, lograron domar su arrebato las mansiones con techo rancio. La evocación de Carpentier, firmada en el caserón de la Condesa de la Reunión, sujetó al fin mi agitación a la calma; recorrí las estancias en las que se afirma que tomó la inspiración el autor de "El siglo de las Luces" ¿No juzgué oír en el traspatio la agónica tos de Esteban?, ¿en qué trastero habrán colocado los instrumentos de física con que adornaron sus ratos muertos? "¡Oye tú ven acá!", percibí detrás y giré hacia esa dirección la intención de andar, de inmediato comprendí que la expresión significa "escúcheme"; y los segundos en los que el silencio quedó apenas restablecido, los recuerdo rotos por otra construcción típicamente habanera: "¿qué cosa tú dices?" Me gustó descubrir instaladas esas voces alteradas en el lugar descrito con el lenguaje castellano de Alejo. Extendí, en seguida que entendí, la caminata a la Casita de Paula. Allí nació José Martí, y ahí leí que don Mariano se llamó el padre del Padre de la independencia insular, y que aquel valenciano emigró a la legendaria Cuba como tantos y tantos a ganarse el sustento -trabajó de artillero en la Fortaleza de la Cabaña y de celador por el Templete y en Santa Clara ¿De qué profundas raíces brotan el genio y la fuerza del ideólogo revolucionario?, cavilé mientras subía por la estrecha escalera. En el piso superior, me entusiasmó la efigie que de la madre del poeta -Doña Leonor Pérez- esculpió el profesor universitario y artista canario Fernando García Ramos -nos distingue desde hace un decenio una grata amistad ¿Del suave amor de esta mujer por su hijo no nutrió Martí su dolor en los desiertos de exilio? ¡Cuánta inocencia habitacional respiró el gran luchador!
     A las cuatro y media de la tarde, el capitán Nicolás Estévanez protestó enérgicamente; en ese instante lo conmovieron las descargas que acabaron con las vidas de los ocho estudiantes de medicina acusados de profanar la tumba de Gonzalo de Castañón -en su profesión de periodista se destacó por los furibundos ataques que dirigió contra la corriente independentista. En la Acera del Louvre contemplé, a esa misma hora, una lápida que conmemora la acción del militar ocurrida el 27 de noviembre de 1871. Rendí así un sencillo homenaje solitario y mudo a la dignidad enardecida por una violencia inhumana. De pie en el soportal donde se juntó por entonces la inteligencia criolla liberal, comprobé al paso lento del atardecer que el Paseo del Prado concluye en el Parque Central. Es una bella solución urbana dedicada al esparcimiento y al descanso protegida del sol tórrido por la exuberante ascensión de sus palmeras reales -el magnífico memorial a Martí, en preferencia. Erré cerca del Capitolio -se me antojó innecesaria la copia disminuida del que con anterioridad visité en Washington- y alargué el itinerario hasta la plaza de la Fraternidad. En aquel sitio, los presidentes asistentes a la Conferencia Panamericana de 1928 plantaron una ceiba; en la verja que ampara al vegetal todos aparecen citados excepto el cubano Machado, porque no sé quién arrancó el testimonio metálico ¡Qué manía la de recortar lo que opinan fastidioso en su pasado! No se necesita conquistar el pretérito, los vientos del tiempo esparcen el polvo de los hombres compuestos de lodo. En los minutos en que el día y la noche asemejan cogerse de la mano, acerté a meditar en el misterio de una Latinoamérica dividida y subdividida, y únicamente dos países al norte de Río Grande ¿no se fijó durante el Congreso de Panamá en 1826 -102 años antes del evento que remembra el monumento que tengo delante- la balcanización al sur de la actual frontera septentrional de México?
     ¿A quién benefició el insensato holocausto servido en Santiago de Cuba?, ¿nadie imaginó que la tremenda desproporción entre la escuadra española y los acorazados norteamericanos convertiría la batalla en una práctica de tiro a la salida de la bahía y al encuentro del océano? ¿Por qué razón el contralmirante Pascual Cervera y Topete fue obligado a asumir el papel
quijotesco de diana? -¡gratuito entrenamiento enemigo! Y luego: "... cesa de existir desde este momento, hoy 1 de enero de 1899 a las 12 del día la soberanía de España en la isla de Cuba y empieza la de los Estados Unidos" ¡Qué triste es el documento con el que se negó la victoria a la insurgencia! ¿Será también por medio de las cabriolas del sigilo o gracias a alguna explicación manida con que nuestra reciente democracia, 102 años después, defienda la dejación de su compromiso frente a la historia? ¿Por qué no recupera nuestra patria de una vez su función referencial en la vastedad de habla hispana? El descuido no es un atenuante, sino una iniquidad que caracteriza un modo de pensar distante de cualquier trascendencia.
     En la isla Juana, hay que reconocerlo sin ambages, los proyectos de emancipación consiguen siempre excitar la emoción. He recorrido casi por completo el subcontinente iberoamericano y de forma demasiado frecuente reparé en su gente colmada de penuria ¿es esta la autonomía ansiada?, ¿no aconseja el conocer de la codicia engañosa prestar atención a la sospecha?, pero... ¡si son de sobras abundantes los montones de pobrezas! El criterio del Libertador Bolívar no consiente espacio a la duda en sus palabras a Campbell: "Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad". Prometo no olvidar que, en la nación rebelde, el arcano diálogo infinito de las rocas y el mar no allana jamás su espíritu al tono de las cautelas marchitas al término de ciertas justificaciones humanas.