¿Quién es Octavio Santana?
Por Alfonso O'Shanahan, periodista



Octavio Santana ha escrito un libro fascinante, un libro de viajes. "Viajes hacia fuera y por adentro" es exactamente su título (1). Yo podría hablar de este libro que he ido leyendo en gran parte a medida que sus capítulos han ido saliendo en este "Diario" a modo de artículos. Una cosa es un artículo periodístico y otra un capítulo de un volumen impreso. Generalmente no me gustan los libros de recopilación de artículos ya publicados. Me parece un ritual editorial como consecuencia de compromisos comerciales del autor con la editorial (fulanito vende bien y hay que publicarle todo, sea inédito o no). Pero esto va sólo con autores consagrados, lo que no es el caso de Octavio Santana, con quien hablé un día largamente a raíz de sus primeros artículos, lo que él me recuerda en su afectuosa dedicatoria.
     Siempre se ha dicho que la única manera de adquirir cultura es leyendo o viajando. Antes, porque no se podía viajar, no había dinero ni abundancia de medios. Hoy, porque se lee menos, por culpa de la televisión y de los nuevos estilos de vida, absurdos las más de las veces. Lo cierto es que, ayer como hoy, una de las pocas formas que existen de ampliar la visión y enriquecer el propio acervo sobre la vida en otras partes y sus cosas, las gentes, su comercio y su trajín, es viajar. Y eso es lo que ha hecho y sigue haciendo Octavio Santana, viajes hacia fuera y por adentro, según reza su título. Pero, con todo, esto es una forma de viajar por capricho, una excentricidad que a mí me extrañaba en la persona de un profesor catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de nuestra Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, algo que se nos antoja un tanto esotérico para quienes nos estamos bautizando en esto de la informática.
     Ocurre que la mayoría de los viajes que nos relata Octavio Santana son puramente lúdicos, pero vienen de la mano de algo que no se desvela en el libro, aunque está en la trama que los forja y que yo descubrí, no sin cierto esfuerzo, en aquella conversación inicial: Octavio Santana es un isleño que quiere llevar sus conocimientos al Sur, al Tercer Mundo del Sur. Parecía como que Octavio Santana no le diera mayor importancia a esto último, como aquel que esconde con cierto rubor su intimidad más propia y definitoria. La informática, la cibernética y la robótica son descubrimientos revolucionarios para la historia de la humanidad. Yo creo que quien puso en marcha esta vía de liberación de los grandes cálculos y esfuerzos mecánicos mentales, aparente paradoja, no sabía exactamente lo que ponía al servicio de la humanidad. Hoy empezamos a saberlo...
     Me habló Octavio Santana de que el "pretexto" de esos viajes de los que luego hace literatura (y esto último es algo en lo que me gustaría entrar) es el de intercambios con universidades o departamentos universitarios de países del Sur. ¿El Sur? ¿Qué Sur? Pues ni más ni menos que el Sur que sufre la opresión y la explotación del Norte. La dialéctica Norte-Sur, por tanto, está la mayoría de las veces en el contexto de sus artículos, algunas en su propio texto, pero otras subyace en las impresiones que suscita el Sur marginal por el que va casi levitando su consciente. Para decirlo pronto: Octavio Santana está formando a profesores de su área en esas universidades de países subdesarrollados, organizando contactos entre ellas. ¡Un isleño enseñando y conectando a departamentos universitarios de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de las Universidades de Quito, pongo por caso, con la de La Paz, ello de la mano del vínculo de la lengua común!.
     ¿Quién es, por tanto, realmente, Octavio Santana? Me propongo desvelarlo con más extensión. Es uno de esos isleños que nos interesa conocer a todos, si es que él quiere que entremos a fondo en sus motivaciones. Un isleño que cree que la única posibilidad que tiene el Sur económico, político y social de salvarse del marasmo en que lo tiene el Norte es armándolo intelectualmente con las armas del Norte, con el conocimiento y dominio de las más modernas y recientes armas del Norte. ¡Cuidado, por tanto, con Octavio Santana Suárez, este teldense que no rebasa mucho los cuarenta años (que creo que ya los tiene), que podría ser uno de esos pocos isleños de la historia a su manera liberadores del Sur! ¿Un nuevo Anchieta? ¿Bethencourt, el ingeniero canario que ayudó al zar de Rusia a preparar las bases de la defensa militar, como llamado por Pedro el Grande desde su tumba? Se cuentan con los dedos de la mano los isleños como Octavio Santana que la historia ha deparado. ¿Tiene acaso sangre de la estirpe de Miranda, hijo de isleños, el inspirador de Bolívar?.
     Sólo los pueblos que producen hombres como éstos están llamados a jugar un papel en la historia. ¿Y por qué hemos de esperar que desde fuera nos lo vengan a ensalzar? El ha procurado, con una total ausencia de vanidad, que estos motivos reales de sus viajes casi no se conozcan, o pasen desapercibidos, como los antiguos apóstoles. Otros en su lugar, ni tendrían esta vocación misionera y, de lograr la multitud de contactos que ha efectuado Octavio Santana, lo proclamarían de inmediato. O tendrían quién lo proclamara...
     Pero dejemos esto, que es algo que nos amarga las líneas de este escrito. Voy al estilo literario de nuestro autor, aparentemente grandilocuente. La voluntad es el estilo, dicen algunos críticos, y la voluntad de Octavio Santana es la de describirnos las sensaciones que le producen las ciudades asoladas por la miseria en La India, en América del Sur, su encuentro con los fundamentos religiosos y hasta míticos de esos pueblos, el relato de algunas de esas creencias ancestrales vividas sobre el terreno, no conocidas de referencias.
     Miren por donde es un isleño el que nos desvela una de las claves míticas, al margen de la política, de ese reciente y todavía vivo enfrentamiento bélico entre Perú y Ecuador. Podemos leer en el capítulo LVI, bajo el título de "Historia de una guerra entre indios que Juanito Arcos evitó", lo siguiente: "La mitad de aquella mañana mojada invita a la conversación y mi apetito por penetrar en sus historias incitó a Juanito Arcos a relatar el incidente en que jugó hace muchos años un papel decisivo. Un shuar peruano traspasó la frontera e inmoló a uno ecuatoriano, cortó la cabeza y de regreso la llevó consigo a su tribu. Quien posee la "tzantza" logra transformar al que fue su rival en servidor y consejero, e incluso llega a obligar al fallecido, aunque éste continúe sorbiendo odio, a instituirse en su protector -no en vano al homicida le permiten disponer de la fuerza mística de su víctima.
     Santana no se queda ni se recrea en la anécdota, sino que el acontecimiento le lleva a presenciar (¿participar?) en una especie de rito, y escribe: "Durante unos instantes percibo que mi yo detenido en la piel vuela desenvuelto del lado de la periferia del cuerpo, tras el sonido impalpable que acontece al citar el oscuro a su negro en la selva. Admiré, en esos minutos de tránsito, la personalidad del Ser extendida en la orilla del crepúsculo. Al rendirse la pausa mágica se echa la noche, y el astro que refleja la hoguera celeste en una tierra en tinieblas pasea su claridad y su don de fecundidad: ¿no señala por fortuna la luna a las hembras sus períodos de fecundidad?"
     Me sigo preguntando: ¿quién es realmente Octavio Santana? Para empezar, como queda reflejado en este libro, un escritor interesante porque goza de entrar en las profundidades de las cosas que gusta contar. Y unas cosas que no son cualquier cosa. Un escritor canario en su forja viajera. Yo le saludo.

     (1) Editorial Benchomo, Las Palmas de Gran Canaria - Santa Cruz de Tenerife, 1994.