Sobre "Viajes hacia afuera y por adentro"
de Octavio Santana
Por Alfonso Espinosa Ramón,
Rector de la Escuela Politécnica Nacional (Quito, Ecuador)



El observar a un país con ojos de extranjero es una vivencia cada vez más común en un planeta en camino a convertirse en aldea -y extranjeros somos en todas partes del mundo excepto en los reducidos límites de nuestro lugar de origen-, pero ir más allá de la mirada curiosa para adentrarse en los sentimientos de los pueblos y en las razones de sus actitudes, formas de vida y sentimientos es algo que pocas veces se alcanza. Octavio Santana lo ha logrado y al hacerlo deja de ser extranjero para convertirse en ciudadano del mundo, lo cual es motivo de alegría pero también de preocupación y tristeza. Alegría al encontrar a través de las vivencias cotidianas y el contacto con la gente sencilla valores tan poco comunes en las sociedades industriales como son la solidaridad, el respeto a la naturaleza y la apertura sincera y generosa a quien proviene de tierras lejanas. Preocupación y tristeza al comprobar lo injusto y difícil de las condiciones en que se desenvuelve la vida social de los pueblos de los países periféricos, acorralados por ambientes represivos y abrumados por el peso de una inmensa deuda que no la utilizaron pero que se les exige sea cancelada.
     La preocupación por conocer lo trascendente y propio de las comunidades se concreta en Santana por medio del descubrimiento y observación atenta de lo cotidiano. No trata de realizar un análisis frío y estadístico de las situaciones, sino de encontrar en los ojos y actitudes de las personas el reflejo de las circunstancias que les rodea y el destello de un pasado cultural admirable.
     La intensidad del contacto personal opaca en parte el reconocimiento de los valores colectivos de sociedades con historia milenaria. Monumentos como Ajanta en la India, Sacsahuamán en el Perú o Tikal en Guatemala no pueden ser comprendidos como el resultado de las órdenes de tiranos sobre mayorías sumisas, sino como el fruto del desarrollo social y cultural de grupos humanos que supieron enfrentarse en forma exitosa a los desafíos que les presentaba su entorno.
     El mismo sentimiento religioso puede ser entendido en forma diferente si se observa con detenimiento las impresiones que lo motivan; no siempre es un sentimiento de fatalidad lo que se esconde tras muchas actitudes, sino una forma distinta de reconocer la relación del hombre con el universo. Para la concepción judeo-cristiana la naturaleza debe ser dominada, mientras que para otras culturas la naturaleza debe ser respetada en toda su integridad. Quien haya visto la grandiosidad de un río-mar como el Amazonas o la imponencia de la Cordillera de los Andes deberá reconocer que al observarlos nace dentro de nuestro ser un sentimiento de relación personal con la totalidad que tan magníficamente se nos muestra. No es por tanto fácil ante tales impresiones concebir al hombre como amo y señor del mundo, sino sentir un deseo profundo de integrarse en forma armónica a todo el universo.
     Como es lógico por parte de un europeo sensible a la problemática social, a Santana le impresiona vivamente la pobreza extrema y su atención continuamente se dirige hacia ella. A los latinoamericanos nos sorprende en Europa la opulencia que se muestra en forma ostentosa y desafiante, ya sea en la forma de lujosos recintos privados o de colosales obras públicas que no se compadecen con las prioridades de gasto público en un mundo con tantas urgencias y necesidades. En los países periféricos estos contrastes son más intensos por cuanto a pocos metros se pueden encontrar diferencias intolerables; debo confesar que al visitar el monumental complejo cultural Teresa Carreño en Caracas también sentí vergüenza ajena por los "ranchitos" llenos de dolor y de miseria que cubren y se desparraman por sus alrededores. La presencia cotidiana de una economía de bienestar y de despilfarro o la presencia cotidiana de una situación de pobreza y discriminación permanentes generan inconscientemente una justificación de su existencia en la mentalidad de quienes viven inmersos en ellas. Por ello es necesario hacer un esfuerzo para separar lo superficial y aparentemente obvio que nos muestran las sensaciones, con el fin de encontrar lo que es valioso y verdadero en los hechos.
     Las diferencias de opinión no se dan tanto porque la realidad sea confusa o desconcertante, sino por las limitaciones de nuestro intelecto para aprehenderla en su riqueza, diversidad y contradicciones internas, así como por nuestra falta de diálogo y apretura espiritual para entender las razones y sentimientos de los otros. La lectura de "Viajes hacia afuera y por adentro" nos ofrece una oportunidad de romper esas limitaciones, adentrándonos en mundos que -si bien exteriormente son muy diferentes en sus formas y rituales- si los observamos con detenimiento nos muestran que los valores humanos son comunes y fáciles de encontrar. Para ello basta acercarnos a las personas con sencillez y sobre todo con los ojos y corazón abiertos hacia lo profundo y particular que existe en cada ser humano.