Leticia: ¿volverá Mike alguna vez?


En otoño, el río que está bajo consiente entrantes remansados y el carácter terroso del Amazonas a su paso por Colombia permite en este fluir quieto al negro del humus instalar su oscuridad. La claridad diurna es grisácea y roba contraste al tinte vegetal de la margen contraria, pero hacia las cinco de la tarde los rayos despeñados principian a digerir su decadencia. El soberbio hundimiento esparce en el cielo un apasionante colorido mudado a fuego -parece convocada la revolución de las esferas celestes en su mismo origen mitológico- a la vez que la superficie tranquila del encharco opaco espeja la imagen imborrable de esa vasta ola de llamas que asoma por detrás y cabalga encima de la orilla oeste, enfrente. Lo enteramente distinto reposa en una especie de materia excesivamente tenue, difuminado en el vapor azul que impregna el aire. No admiré jamás tal espectáculo repetido en diferente escenario, ni aquí hoy que regresé -al mes de junio le queda mucho para llegar a noviembre ¿Por qué no he de hablar con el tono que experimento de una cierta aspiración que siento por los encantos de esta naturaleza cuando el horizonte se ensombrece? Junto al magnífico crepúsculo, el viejo que persiste en el umbral del palafito mira su cayuco, en el que remó años atrás, roto cerca del reborde próximo; es un hombre que aún dura a la altura de su edad, tan pegado a la muerte que aparenta un ancestro envuelto en el hato de un cuerpo ¿No constituyen los ancianos arrepollinados al final de la galopada del día los embajadores de los que respiran ante los difuntos? La inordinación que inspira el confín desconocido entre nuestra vida y la otra reclama su mediación, porque el temor al castigo sobrenatural que creó las normas es más eficaz que el miedo a la sanción humana que conserva las costumbres. Los espectros ejecutan firmemente el ritual regicidio del astro brillante en el instante que presiento al aviso de luna -madre de la noche- enganchado en la bóveda entenebrecida por el resplandor exánime.
     Después de cenar temprano, apetece dar una vuelta a pie hasta la ribera y tomar el pulso a la jornada extinguida en los corros que componen las gentes; la sospecha por la faena de que comentan calla en el silencio de los labios -en boca de ninguno. El pelo hirsuto y la cara ovalada me hicieron exclamar con sorpresa el nombre de un muchacho alegre que conocí -contraté entonces sus servicios de guía y trabé relación con un poblado Huitote-; con Antonio rememoré anécdotas y cómo me llamaba: Orellana -le evocó esa figura mi barba prieta y medio blanca. Debo de trazar un esfuerzo al objeto de marcar los límites que declaran el lado interesante -el anverso-  y el costado asignificante -el reverso- ¿será posible encontrar la lógica adecuada? Su rostro ahora es más duro, y en sus gestos pausados se adivina que gana sustento en las fronteras del orden -el determinismo más que un asunto de certeza es una cuestión concerniente a la probabilidad de los avatares que acontecen en el entorno del individuo ¿no es del aprendizaje que condiciona el ambiente de donde se extrae la superación del designio genético? Acordamos el trato abierto: navegaremos en una deslizadora con destino a Anaconda -de madrugada a madrugada planeando sobre el agua en el recorrido del camino de la coca. Mañana dejaremos el arreglo en suspenso por el precio puesto -mil dólares es demasiado dinero- y además, el riesgo de extorsión de la policía de selva -no es de broma- termina por disponernos a examinar una opción menos caprichosa. Le pregunté por Gabriel y me dijo: "vino una gringa que se enamoró de él y se lo llevó con ella, ya no está" En este cosmos verde todo o casi todo simplemente sucede, opino a los actos desgajaduras de ramas caídas y giradas en podredumbre que perennemente recomienzan el ciclo -nada ni nadie permanece inmóvil en el universo de cambio perpetuo ¿No se asegura acaso rotundamente que son poco profundas las raíces de estos árboles?, ¿valiéndome de qué método pretendo fijar mis recuerdos en este rincón del mundo?
     El sol, generoso oficiante que se ofreció víctima en el holocausto de luz, revive purificado al amanecer; al alba, el dolor rojizo del sacrificio extendido por el espacio no ha arruinado su vigor. No se me antoja importante que la semejanza de la forma renacida con la del incendio del ocaso esté confirmada por los sentidos -mera aproximación de lo real-, lo verdaderamente trascendente reside en percatarse de la propia consustancialidad que se recoge por debajo de la similitud más recóndita e inmediata a la identidad -es saludable gozar de los fenómenos que se obligan, su desdén no libera la exigencia mecánica. En el desayuno protesté de El Griego, me gustaba verlo en persona sentado -cuan grande era- tras el almuerzo al amparo de las palmas del merendero de su establecimiento, El Parador Ticuna. Antonia, mientras sirve la mesa, nos cuenta la historia que los demás enmudecen "es muy bondadoso con nosotros los mestizos pobres y por esa actitud sus amigos le buscaron la perdición; alquiló su barco... ¿qué sabía él de la mercancía amarga que transportaba a los Estados Unidos?, ya volverá, deseamos que venga pronto" ¡Qué manía la de dicotomizar!, ¿buenos y malos únicamente?, es un balanceo mareante dentro de un disgusto binario ¿y si existiera la posición del centro?, ¿no se convertirá en una nueva oposición? No siempre es fácil el diálogo con quienes mantienen su atención impresionada por las fuerzas del dualismo cosmológico; mi inclinación, que es occidental, rota en torno a la sustancia. De los modos dispares y en los lugares mágicos me place oír las narraciones de episodios efervescentes e indudablemente, en este sitio, juzgo, más que en cualquier parte, a la voz como el hecho más relevante que le ocurrió a la evolución desde las primeras tentativas de organización del ácido esencial, ¿no fue el milagro del lenguaje el factor decisivo en el tránsito de lo homínido a humánido? Mike, el gigante encarcelado que aparece fotografiado en los folletos turísticos con una enorme serpiente arrollada al cuello, confirió el topónimo de Isla de los Monos a un pequeño trozo de tierra que emerge a la mitad de la afluencia -corriente arriba, a un par de horas de motora. Allí reunió una abundante cantidad de primates y negoció con los principales laboratorios de investigación animal; luego le tocó el turno a la prohibición de la exportación y los simios alargaron su vida en aquel hogar. En la actualidad, el pasaje de concentración no es una escala con rumbo al ensayo científico, sino paraíso en el que pueden ser apreciados por los visitantes -continúa con su denominación, en estos tiempos indica paz más que posesión. Es cierto, lo confieso, en mi pensamiento intuitivo predominan lo asociativo y la analogía.