Los endiablados
desfilan disfrazados en Quillacollo


Los catorce kilómetros de tierra y piedras medidos desde Cochabamba no fueron impedimento para el acercamiento a Quillacollo. Leí en la guía que este pueblo asentado en un hermoso valle no decepciona, e innegablemente gocé un hondo descanso de mi mente en mitad del gran desfile de fiesta de su gente. Desde el comienzo del día hasta pasado el mediodía, el movimiento enervante diluye la conciencia de cada cual en el sentimiento comunal delirante, que invita constante a la energía sobrenatural omnipotente a operar de una manera influyente; esperan con el ritmo de la demencia sujeto al cuerpo la ocurrencia de algo excepcional que haga caso a sus sueños de abundancia y retire para siempre, a sobrada distancia, las penas compañeras de lo escaso. Calculé ante aquel apasionante jolgorio que el sacrificio de restringir la diversidad al amputar determinadas dimensiones del individuo con el propósito de lograr algún efecto es un defecto del análisis, a pesar de que se arguya la necesidad de profundidad para recaudar más posiciones en su complejidad desbordante. Además, puesto que aspiro a la generalidad ¿cómo atreverse a desdeñar ciertas direcciones y visiones?, ¡pero si aquella se construye con la argamasa de todas sus particularidades! Indefectiblemente, las conclusiones que se obtuviesen con ese método habrían de ser falsas y hueras.
     Centré la atención en los protagonistas que soportan las máscaras sobre sus hombros con la cabeza metida por la abertura redonda y en aquellos que desaparecen por detrás del disfraz juntado a la cara. Comprobé que el artista del disimulo no halló nunca resistencia a los dibujos ni a los contrastes, ha sometido a su ficción las encarnaciones de las fuerzas sobrehumanas que ganó por transformación mística del rostro al recrear la Idea con los elementos característicos de superficie y de personalidad ¿No es el embozo acaso un antiguo ceremonial de caza?, mucho tiempo después de ser recibido, el tapujo en parte animal y medio humano no recata a la mirada de nadie la doble naturaleza asumida y comprendida en la estación de la fluidez entre la criatura y las bestias, y es que en el período de la experiencia mítica las formas con vida fueron simples recipientes de la existencia ¿Querrá este gentío manifestar que la participación de ambas entidades aún continúa? -creo que en la gruesa colección de las respuestas bañadas en el sudor del baile es factible tantear el núcleo residual de la verdad buscada con obstinación espesa ¿Cubren sus facciones con el engaño para hacerse irreconocibles o porque quieren suplantar a sus duendes y demonios?, he ahí la raíz de la tragedia y el significado del rito que se anuncian con estridencia de trompetas. Aunque al parecer los implicados estén ausentes porque agitan el esqueleto apostados tras la ocultación, se siente que están bien presentes -¡extravagante juego de escondite que se hunde en el talento y en la historia!; no debe ser jamás descubierto el encubierto. Las máscaras vierten en sus portadores las sustancias de los poderes que interpretan y los actores se convierten en aquello que representan; se trata de una identificación con el ser invocado, de la que no está desterrada la petición del favor y la ayuda -¡cuánta importancia alcanza la imploración secreta para la tranquilización del alma! El símbolo conmemora al allegado occiso y resigna con su defensa a los extintos atados a la suerte del silencio y el recuerdo -la misma idea de parentesco íntimo dispone a su antojo la apelación. En el drama cultual cabriola la trama espiritual tendida entre la persona y el impulso prodigioso, porque entiende que con la reproducción plástica de los remotos sucesos anima la triste subsistencia en un mundo amarrado a la amargura de la indignación ¿no resulta difícil, por otro lado, concebir a esta muchedumbre colmada de color sin danza? Ciertamente, serena haberse percatado de que la careta alinea al mortal frente a lo deífico inmortal y protege a su cargador de los hálitos del mal. Ni al Divino ni al Maligno les ha sido posible rebatir la tentación por la fantasía del arte en la evasión de la expresión que reúne y pone en comparecencia simultánea a los aspectos reales e irreales abarrotados de ricos matices y envueltos en un extraordinario vigor. El gigantesco adorno cobra un ímpetu propio e independiente del enmascarado; la tintura que figura en el gesto horripilante espanta al Perverso que huye en el mugir de cuernos, a los tipos deseosos de otras pérdidas y a los idos ávidos de retorno. El rotundo sol de últimos de julio se mantuvo permanente hasta que regresó el frescor del atardecer, pero a esa hora el ajetreo había terminado y se fijó la vuelta.
     En el birlibirloque del hechizo se nota su parentesco bastardo con aquello que se sabe sabio. Sólo basta con golpear los talones de la estructura para ver el derrumbe de la carraca que sostiene la ilusión. No cabe duda al respecto: el primer trabajo a oscuras lo llevó a cabo la magia, y su interés por la dependencia de la consecuencia a la causa se derivó en el nutriente que engendró la ciencia, ¿de veras, no fue encomiable esta función? Imagino al hombre, que ansía serlo provisto del arma y la armadura del coraje, deshaciendo paso a paso las tinieblas que rodean su expansión por la vía del aprendizaje. Entusiasma el respeto por la evolución del pensamiento: a poco cierra un círculo que empieza por percibir, luego se impone distinguir, más tarde llega a separar con nitidez, consigue con posterioridad enfrentar y al fin emprende la tarea de disculpar las divisiones que se introdujeron acarreadas por el conocimiento.