De una larga noche
de tangos en Buenos Aires


La culpa de que el tango se clavara en el ánimo de aquel hombre fue del descuido que llega agarrao del negro adiós en que el amor se apaga. A este músico, su vieja en delantal le contó que debía desmemoriar lo malo y aprovechar en el presente lo bueno; se derrochó en la cancha del mundo -los portones de milonga, la domingada y los corrales- y en la timba del destino una piba jugó con su pasión, y más tarde le regaló la espalda ¿no marcó su carne la cicatriz de aquella daga?, en el viento se revolvió una cuchillada. Y es que tentó a la fiera con su ansia de adorar y el antojo a golpes lo voltió. Nunca más volvió, nunca más la voz de la muñeca brava nombró su nombre -¡cuánto silencio torvo de cementerio te persigue desde el ayer! Miré de frente el tormento del que mima al bandoneón marcado en su gesto y adiviné que mantiene guardado en cada arruga el desfile de sus inclemencias juntas. A pecho, estafao y desconsolao, el cafiolo lo pagó caro en las borracherías y, al igual que la brasa del churrasco, ardió el rencor -llamarada por querer y no tener. No la hallarás más a tu lado -solo y soledad de crepúsculo interior ¿Quién?, ¿ella?, mechera de profesión -que el dinero es el nuevo dios no es banal-; ¿y su mamasita?, curandera de oficio -la panza es reina ¿Para qué la decencia?, ¡tirala! ¡Che!, ¡levantate!, ¿no te fajaron al arrullo de los fuelles del instrumento? ¿Estás en llanta macana?, ¿revolcao en tu merengue? ¡No jodás!, ¿te parece que naciste con los ojos abiertos de un carozo?, pues buscate un changador pa que te cargue ¿vas a cruzar los brazos en la esquina de hoy cuando el hambre viene?, las ganas no saben esperar.
     En la madrugada de fiesta, de capricho y de fandango, el encanto fatal del tango toca adentro, y se siente que por sus pesares cautivos traspone la emoción de su congoja ¿será quizá porque es el más sincero mensajero del arrabal? La fea cachetada y el amargo escupitajo se citan en el mismo instante en que acuden la bella caricia y el dulce beso: en ocasiones ternura, otras devaneo y abandono y otras burlón. Compadre, sus rezongos revelan afuera el duelo que se lleva dentro y sus notas agoreras obligan a llorar al corazón de rabia y de fe de ausencias. Su melancólico son lo forma una mezcla de tristeza sensual y de risas anteriores al lamento; es poesía y también guitarra que estrujan el sentimiento en cualquier patio de piedras desparejas. No retuerce el pasado ni cierra el porvenir -al porteño de una pieza no lo cambia nadie. El compositor trae la intención de sus letras del rincón de los materiales del derribo humano, allí tropieza tanto con la querida como con la lealtad traicionada -náufragos de un estilo de existir que extravió hace mucho la dirección ¿Que qué es en realidad?, ¡y yo que sé!, es macho, fuerte, huele a vida y sabe a muerte; ¿cárcel o guarida?, las lágrimas de madre acunaron a El Mocho y al Cachafás. Comentan de los que hicieron temblar las baldosas: "bandidos" "casos perdidos", pero son los más fieles testigos de este modo de cantar -padecieron la pobreza de los conventillos y su oración de invierno.
     Sin escuela distinta que la calle, el retazo de bacán del barrio de los tachos caminó del tajo hasta el salón -no cabe duda de que los guapos se trenzan en el bajo. Después, cacho de Buenos Aires, hecho a Cortada y a Diagonal; empacaste bastante plata con tu suerte mistonga, vestiste cuello duro, vendiste el alma, encajaste las polainas y rifaste el galanteo a la morocha argentina y a la casquivana -no hay verdad que se te resista. Mereciste lo de ser el rey del bailongo ¿no era acaso el piropo florido una industria nacional? ¿Y tu taconear?, las que soñaban tras tuyo alzaban murmullos; cierto que a veces te iba bien, y a veces peor ¿no lastima que al retornar en el amanecer, el siruja con aire sobrador créese un rana fenomenal? Luego, engrupido imaginaste que podías arreglar lo de la ruindad de la gente con tus pavadas; ¡haz el favor!, te dije, aquí ni Dios rescata lo marchito -hubo cambalache en el 510 y será costumbre en el 2000. Y vos que fuiste el más púa ¿ahora has pillao todo en serio? -resultás un disfrazado ¿y el carnaval?- ¿no te has enterao de que falleció el criterio y la razón la goza el de más guita?, cualquiera es un señor: el doctor, el chorro, el colchonero ¿no escuchaste que la honradez se adquiere al contado? ¡No embromees con tu conciencia que al completo andamos manoseados en idéntico lodo! Ya no vales y por gastao no te protege el escudo de los que se orillan el pantalón. Sos un punto sin arrastre, inútil caravana de escasa esperanza ¿te acordás que por vos se envenenó la hermana de nuestro mejor amigo?, ¡se te acabó el reparto! En los momentos en que las sombras alargan la noche del dolor, te vi beber nostalgia en el turbio fondeadero del cafetín; ¡que sirvan más copas y así olvidar! -voceaste-, y te reconocí al día siguiente campaneando un trozo de sol en la vereda ¿no te oí sollozar desamparado en la niebla que se amarra al recuerdo? Eres un árbol que jamás produjo frutos, seguro que a menudo hablás de aquellas horas de garufa y de tango bailado cara a cara -masticador de sueños. Al fin, cuando remaches tu retrato en el cuarto, comprobarás que nada obraste y que tu berretín deshecho es una ilusión que el tiempo lanzó al solar de la desolación ¿Total pa qué sirvo?, ¿no se dan cuenta de cómo me encuentro?, no me gusta estar de más -gimoteas derrotado ¿Es tu meta triunfal? ¡Arriba, viejo yacaré!