Del otro lado de las cataratas,
San Ignacio Miní


En la franja ceñida por los ríos Paraná y Uruguay se desarrolló prósperamente la labor de los asentamientos: los padres Ruiz Montoya y Rocco González se encargaron del arduo trabajo pionero desde las márgenes altas y caudalosas que cierran esta extensión mesopotámica. Para conseguir un trato feliz con los indígenas y lograr la penetración en sus territorios, se ayudaron de la música y el canto ¿no oigo aún si aguzo el oído sus cadencias monótonas? Ciertamente, me entusiasmó la monumentalidad del rostro de la iglesia y admiré la decoración original que encaré un poco en todas partes. Imagino aquí los días festivos: el pletórico vigor elemental de los naturales emergiendo a la superficie con las figuraciones y el simbolismo declarados en la pasión por la danza ¿no fueron asimismo diestros en los juegos de pelota?, aunque, obviamente, la misa debió de ser el acto central de la jornada. La verdad no es plegable ¿qué más quisieran aquellos que la ansían violar?, yo en cambio la miro magnífica tendida sobre este cielo tan azul; reconocí su tersura como el fondo conveniente para distinguir en el apogeo de la construcción la bella piedra barroca curvada en el aire. San Ignacio Miní, donde anudo hoy mis pensamientos, se trasladó desde el Guairá en 1631 por las incursiones del Este ¿acaso no tuvo que ver bastante la renta de la plata potosina en la presión paulista hacia el Oeste?, ¿y el afán por cortar el cordón vital entre Lima y Buenos Aires? Pero el más hondo hostigamiento al que fue sujetado el Gran Experimento vino del lado criollo, que anhelaba su destrucción para así poder capturar, sin resistencia, a aquellos eximidos de la prestación personal y obligarlos a esa contribución ¿no se les notó con nitidez luego de auxiliar a la misión de Itatí inmersa en la maloca del mameluco Raposo?, echaron a los jesuitas, los sustituyeron por curas y distribuyeron a los indios por sus tierras. La jerarquía eclesiástica también anduvo siempre irritada a causa del privilegio que gozaron de estar dispensados del pago del diezmo, porque dependían directamente de un Patronato Real.
     Mientras recorría en todas direcciones sus extraordinarios recintos, inspeccionaba las celdas y sucumbía al encanto de las soberbias fachadas, probé a formular cómo inteligencias tan dispares en sus progresos fueron capaces de respetarse y coexistir, venciendo la más avanzada la brutal tentación biológica del abuso. Por su escaso número -dos predicadores por Reducción- observaron una relación no demasiado familiar a fin de no menoscabar su amplia autoridad entre los primitivos; se interesaron por la instrucción de los jóvenes en la lectura y escritura en su expresión autóctona y sobrepasaron el contar hasta veinte -la suma de los dedos de los pies y de las manos-; por esta vía, se ganaron la confianza de sus mayores. Y no cabe duda de que sus conocimientos de la lengua aborigen les permitieron adoctrinar de forma más próxima ¿no fue por medio de su peculiar modo de hablar que estos neolíticos de entonces supieron de Cristo y de la solidaridad entre los hombres de buena voluntad? Este enorme prestigio de un puñado de cien sacerdotes fue el más sólido argumento con que se mantuvo unida la población guaraní carente del abrigo militar colonial ¿Es justo olvidarse de lo de la yerba mate?, en un principio silvestre, pero cultivada con posterioridad tras varios ensayos realizados por los discípulos de Loyola, para evitar las emboscadas a que eran sometidos sus protegidos al alejarse para su recolección ¿no resultó por fortuna para todos un provechoso fruto de exportación con que saldar los tributos a la Corona y adquirir fuera lo que les era imposible fabricar? ¿Hay que insistir en que introdujeron la imprenta ochenta y cinco años antes de que fuera puesta a punto en la capital del Plata? ¿Algún humanista?, Nicolás Yapaguay. Los pilares que soportaron en otros tiempos la cubierta vegetal de la galería exterior que rodeaba entonces las habitaciones, hace mucho que rinden en alabanza su soledad alineada; recuerdo a uno de ellos en particular porque un árbol que germinó junto a su base terminó por abrazarlo enteramente y ocultarlo a la luz; me gustó cómo le llaman allí, Corazón de Piedra. A mi compañero de viaje le pareció advertir en el suelo una moneda extraviada; no es más que un espejismo, le dije, la regla del comercio fue el trueque y el valor de referencia el peso hueco -¿crees que es posible tomar el vacío?
     ¡Qué pesadez con aquello de la superación de la propiedad privada!, el terreno comunal devino del hecho de que los individuales no proporcionaban el abasto necesario, y además resonaba más con la tradición colectiva de los nómadas del verde ¿Y lo del esclavismo agrario? ¡Dios santo!, ¿a cuánto imbécil ha de llevar a la grupa un ideal noble?, el inventario de cuando la expulsión desenmascara esa falsedad  ¿Que qué escondían detrás de la segregación?, unos delicados brotes de cristianismo, porque eran conscientes de que la emotiva conversión en masa es un fenómeno profundamente inestable frente a un contacto negativo con los compatriotas de sus protectores que produciría un reflujo incontrolado. Que si habían manufacturado armas para una revuelta contra España ¿quién les resguardaría entonces de los encomenderos?, ¿y la pólvora?, ¿dónde el azufre y el carbón? ¡Qué lata la de tener que defenderse de la vil acusación montada sobre la explotación de un oro utópico!, la sentencia de 19 de julio de 1651 despejó completamente los recelos al respecto y castigó a los calumniadores. Con lo del comunismo, la servidumbre, el aislamiento, los mosquetes y la riqueza, sus enemigos llegaron a inventar lo del estado independiente y a entronizar en sus cabezas afiebradas a un rey, Nicolás I ¿en qué quedaron por último?, ¿en la apariencia de un religioso amancebado con una propia del lugar o un cacique conducido por los ignacianos? ¡Qué importa! ¿No da la impresión de una majadería recalcitrante aquello de confundir el toque de tambores en la noche con un recordatorio a los hijos de la selva para que hicieran la faena propia de procrear?, ¡pero si fue sólo aviso de horas! Juro que mi intención al sugerir lo que aplaudí y devoré no obedece a otro motivo que a ofrecer un sencillo y sincero homenaje -póstumo- a un ánimo creador excepcional.